Ruido electoral

Dicen que hemos asistido a una precampaña atípica y que hoy nos abalanzamos sobre una campaña decisiva. Sin embargo en relación con el ruido mediático lo cierto es que, la precampaña y las propuestas que vienen, han realizado el efecto habitual de borrón y cuenta nueva sin conseguir que la ilusión supere a la desconfianza del electorado.

Aseguran que el proceso ha roto los esquemas por el simple hecho de ver en la ruleta dos nuevos partidos, capaces de ejercer de bisagra, de trabe de oro o de crupier poselectoral. Que ha cambiado la mecánica porque vemos a cuatro candidatos debatiendo en lugar de dos. Que los viejos esquemas de “tantos votos tenías en el pasado tanto vales en el presente” ya no es palabra de ley. Que las encuestas andan desnortadas porque en la cocina no cuentan con el caldo de la memoria… Sin embargo, todas esas circunstancias solo son la nata que flota. Debajo la leche cortada sigue siendo la misma.

El ruido electoral se ha mezclado en esta convocatoria con dos sucesos de impacto, el reto catalán de la independencia y la tragedia del viernes 13 en París. Asuntos que han venido en ayuda del partido en el Gobierno. La rendición de cuentas que el PP debiera hacer en la precampaña no ha existido. El incumplimiento del programa electoral presentado por Rajoy no es materia de debate y se amortiza con la mentira repetida de la salvación de la quiebra del Estado y la falacia de la no existencia de rescate.

Ayer mismo hemos visto como el Gobierno asaltó de nuevo la caja de las pensiones y deja sin recursos el futuro de los mayores. Sabemos que la deuda generada por este Gobierno ha superado el PIB con absoluta impunidad. Vemos como el paro, aún con el crecimiento de la emigración de españoles, se mantiene en los mismos niveles de 2011. En la palestra está la indefensión de los trabajadores frente a una reforma laboral que ha troceado un puesto de trabajo fijo en tres o cuatro temporales, mal pagados e inseguros. La decadencia de la educación y de la sanidad, la pertinaz lluvia de desahucios, la cansada insistencia de la corrupción, la lentitud de la justicia… están amordazados por leyes injustas. Y la única justificación es el insolidario cumplimento del déficit, que tampoco será una realidad y, además, se olvidará para cumplir con los predicados de la guerra contra el terrorismo.

Hoy vuelven a pedirnos el voto. En el cuadrilátero vemos cuatro púgiles con posibilidades de habitar la Moncloa. Sin embargo las ofertas están ancladas en los mismos esquemas de antes de la irrupción de los emergentes: en la derecha tradicional conservadora y en la izquierda progresista acomodada. La pelea será por convencer al centro con el mayor ruido electoral posible. Y los cuatro nos hablarán de cambio.

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