Programas y promesas

En vísperas de elecciones los candidatos mienten con tanto descaro, “cóntanas tan gordas…”, dice un paisano indignado, que pierden el sentido de la mesura cuando prometen lo que no podrán cumplir, unos porque nunca llegarán a gobernar ni a influir en el próximo gobierno, y otros porque saben que muchas promesas son como sueños descabellados en la coyuntura que vive el país.

Fue el alcalde Tierno quien, en un rasgo de sinceridad, dijo que las promesas hechas en campaña están para no ser cumplidas, y la actual alcaldesa de Madrid, pocos días después de llegar al ayuntamiento, rebajó la condición de sus promesas a simples sugerencias o reflexiones cuando le reprochaban el olvido de parte de su programa para el gobierno de la Villa.

Pero como no queda más remedio que asistir a este “mercado electoral”, conviene inmunizarse y la mejor vacuna es aplicar el sentido común para “peneirar” lo que llevamos oído en los últimos meses y todas las promesas que se van a escuchar a partir del viernes cuando comience la campaña. En este caso, es propio de personas inteligentes ser descreídos, escepticismo que abalan dos viejos dichos: “o falar non ten cancelas”, y aquel otro que encaja tan bien en nuestra proverbial desconfianza: “de lo visto lo creído, de lo oído, la mitad”. O menos de la mitad, dicen en mi tierra.

Tras este primer filtro, lo que procede es el análisis de programas y promesas, que tampoco requiere de sesudos estudios, sino que viene determinado por algo tan sencillo como que solo son creíbles los compromisos electorales que traen consigo una memoria económica “realista” que los sustente.

Por tanto, cuando se escuchen remedios infalibles para acabar con la austeridad y la crisis, tales como renta básica universal, estado de bienestar sin límites, matrículas universitarias gratuitas, acabar con la pobreza energética, empleo a esgalla y otras ofertas, hay que preguntar al candidato lo que preguntó Josep Pla, impresionado por la iluminación de Nueva York: “y esto ¿quién lo paga?”. Decir que el dinero brotará de la lucha contra el fraude, de los impuestos a los ricos o a la banca olvidando la reactivación de la economía, es una ocurrencia que significa que, al final, van a seguir pagando los de siempre.

Los ciudadanos quieren escuchar propuestas serias sustentadas por presupuestos acordes con el estado de las cuentas públicas. Esto es lo que puede cautivarles. Todo lo demás es un brindis al sol.

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