Una lección de París

Después del zarpazo terrorista contra la revista Charlie Hebdo y sabiendo que Francia era objetivo del yihadismo, se puede concluir que los servicios de inteligencia fallaron al no prevenir y abortar los atentados del día 13, cuya realización exigió gran complejidad estratégica y logística.

A pesar de eso, nadie en Francia echó la culpa al Presidente de la República o al Gobierno de la nación y los terribles sucesos que dejaron 129 muertos y decenas de heridos unieron a los políticos y cohesionaron a la sociedad en torno a la idea y sentimiento de la nación francesa amenazada por esa nueva forma de fascismo que patrocina el llamado Estado Islámico.

Hay dos actos especialmente significativos. El primero es la reunión conjunta de la Asamblea Nacional y el Senado que rubricaron sin fisuras la firmeza del Presidente Hollande en defensa de la patria y de la libertad de los ciudadanos, aunque después los grupos políticos mostraran discrepancias, de forma que no de fondo, sobre la batería de medidas anunciadas por el primer mandatario. El segundo es la concentración de estudiantes y profesores delante de la Sorbona, la cuna del saber, de la racionalidad y de la tolerancia.

Ambos actos ofrecieron la imagen de unidad y defensa de los valores compartidos por los franceses desde el siglo de las luces. Especialmente emocionante fue el remate final, tanto en Versalles como en la Sorbona, con los políticos de todos los partidos y los representantes de la intelectualidad cantando al unísono, sin una sola excepción, La Marsellesa.

Es inevitable comparar esta imagen de unidad y patriotismo frente al enemigo común con el comportamiento de los políticos españoles tras los atentados del 11-M en Madrid.

Contrasta el desastre de gestión del atentado por aquel Gobierno español en funciones y también la indignidad de aquella oposición sacando provecho de un atentado contra todos los españoles, no contra aquel gobierno. Y contrasta la actitud frente a los símbolos -bandera e himno-, venerados en Francia y abucheados con frecuencia en España.

Los franceses, ciudadanos y políticos, impartieron una lección reafirmando su adhesión a los valores de la República. Por el contrario, los políticos españoles dividieron entonces a la sociedad ante el más grave atentado terrorista y hoy muchos están más cómodos despreciando a la nación y a sus símbolos. Somos así, quizá debido a nuestra genética. Por algo España es diferente.

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