La guerra se hace para ganarla

Me resulta incomprensible la postura de cierta izquierda de cámara (Podemos y otros pretendidos analistas comprensivos que llegan a calificar lo de París de “guerrilla urbana”, haciendo suyos los argumentos del Estado Islámico) que en esta hora vierten el escombro de sus juicios equidistantes y se niegan a cerrar filas junto a las víctimas, el dolor y la respuesta necesaria. Cierto que hay que tener serenidad, e ir a otros escenarios: ¿Quién les vende las armas y les compra el petróleo que explotan? ¿De dónde sacan el apoyo logístico? Los piratas del Índico contaban con despachos de abogados en Londres para gestionar los rescates por sus secuestros. No nos asombremos de descubrir que en el mercado libre del petróleo, quien menos se espera puede comprar los barcos en alta mar que son dirigidos por oficinas con enlaces en Occidente.

Insisto en que, pasada la primera oleada de indignación, hay que pensar adecuadamente qué hacer. Francia posee una eficaz aviación estratégica que con el apoyo de la OTAN (y la información israelí) puede desplegar en pocas horas una acción eficiente contra los santuarios del Estado Islámico. Pero sin un despliegue terrestre que arrase, destruya y desmantelas las bases delyidahismo y sus rutas de suministro, sin la captura del enemigo, sólo será una acción de castigo, de venganza. Debe ser una acción de victoria. Es la hora de una gran acción internacional, sin complejos, ni miramientos. La guerra se hace para ganarla. La Infantería, las unidades aerotransportadas son esenciales. Esto es una guerra y hay que dejarse de paños calientes. Vamos a seguir sufriendo, pero o va a por todas, no nunca se pondrá fin a esta pesadilla. Y internamente, hay que ir a un gran plan de localización y detención de yidahistas, empezando por someter a las mezquitas salafistas a un férreo control, y si es preciso cerrarlas.

En 2007, en el diario El País, en un reportaje sobre los musulmanes de segunda generación, nacidos en España, que cifraba entonces en 200.000 niños y adolescentes, advertía que hemos de ser conscientes de que cuando alcance la edad de ciudadanos de pleno derecho, van a interpelarlos y que serán más. ¿Y sobre qué van a interpelarnos? La respuesta está clara: sobre nuestro modelo de integración y sobre la gestión española del islam. Y se auguraba: “Vista la experiencia de otros países, cabe suponer que esta segunda generación no tendrá complejo alguno en reclamar sus derechos, no va aceptar cortapisas en su práctica religiosa o en la expresión de su doble identidad. Seguramente exigirá una convivencia natural, igualdad de trato e idénticas oportunidades, y si se siente discriminada tenderá a refugiarse en su identidad de origen y a despegarse afectivamente del significado de España”.O sea, que no nos llamemos a engaño.
Salafismo y wahabismo

Es cierto que no es hora de sospechar de todos los musulmanes. Es más, conozco a españoles conversos y españoles de origen magrebí, musulmanes, que son los primeros en advertir el riesgo de que se extiendan en España las mezquitas salafistas, como ya ocurre en Cataluña.

Los tres principios del Fundamentalismo islámico. A esto nos enfrentamos:1. El Islam fue glorioso en tiempos pasados gracias a la observancia estricta de la Sharia.2. Occidente, paradigma de la perversión y la corrupción moral, arruinó aquel esplendor del pasado. 3. La caída de Occidente permitirá que el Islam lo herede.
El Salafismo significa literalmente (primeras generaciones o los antepasados), la idea principal del Salfismo es: “El musulmán debe de vivir el Islam como los vivieron los primeros musulmanes. O sea, que está claro. Traten de compaginar esto con los valores de la sociedad civil en Occidente. Con razón dice el profesor Sartori, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales: “Los musulmanes no se han integrado en parte alguna de Europa. Y cuando una sociedad crece sin asumir los valores donde se instala, cuando cambia la masa crítica, cuando son más, van a imponer sus valores”.

Las ideas principales de los hermanos musulmanes recogida en sus artículos y sus discursos no dejan dudas: “Hay que combatir a los cristianos y a los judíos hasta que acepten el Islam como su fe verdadera, formar un estado islámico global bajo un Califa. Aplicando las palabras del Corán (Sura 9:29) “Combatid contra quienes, habiendo recibido la Escritura, no creen en Dios ni en el último Día, ni prohíben lo que Dios y su Enviado han prohibido, ni practican la religión verdadera, hasta que, humillados, paguen el tributo directamente”.

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