Favores mutuos

Pensaba uno que las peripecias de la Diputación de Lugo estaban llamadas a ser la coronación de los poco edificantes episodios protagonizados por los perdedores de las elecciones locales de mayo último. Y no sólo por el pacto habido contra la voluntad expresada en las urnas,  sino por la perversión que había supuesto el recurso a la moción de censura.

Como se sabe, esta modalidad de moción parlamentaria se caracteriza por encerrar una crítica sustancial al comportamiento de los gobiernos de turno. Pero en el caso que nos ocupa mal podía tener justificación alguna tal iniciativa habida cuenta de que los nuevos inquilinos del palacio provincial apenas habían tenido tiempo ni para sentarse en sus respectivos despachos.

Pero como dice uno de esos enunciados que recuerdan las leyes de Murphy, todo lo que es susceptible de empeorar, empeora. Y es lo que ha sucedido en el relevo de la cúpula directiva de la Federación galega de municipios y provincias (FEGAMP), donde PSOE y BNG no es que hayan acopiado votos de uno y otro para hacerse con los mandos de la institución, sino que practicaron un ejercicio de filibusterismo político.

Conocido es que los primeros prestaron a los segundos setenta y tantos sufragios de los que le sobraban. Éstos los acogieron encantados. Los teóricos apóstoles de la transparencia no han referido los términos del canje, aunque ha quedado la impresión que unos y otros han dado al alimón el golpe de gracia a la proyectada candidatura de “unidade galega” que en las generales de diciembre podía hacerles cierto daño. Sea como fuere, de entrada, birlaron  a Mareas y aledaños  una de las vicepresidencias de la institución.

En su primer discurso como tal,  el nuevo presidente y alcalde de O Barco, Alfredo García, tuvo una actitud  mucho más institucional que su correligionario y alcalde Vigo, Abel Caballero, quien desde su toma de posesión como máximo representante,  a la cabeza de la FEMP,  de los alcaldes españoles lleva convocando  por su cuenta y riesgo a la insumisión frente a la reforma local y pronosticando, en caso de  su  aplicación, un escenario apocalíptico: sólo en su ciudad, miles de niños sin becas de comedor; miles de mayores sin teleasistencia; mujeres con violencia de género sin atención; gentes durmiendo en la calle por cierre del albergue municipal….

Y todo porque desde comienzo de año las comunidades autónomas se van a hacer cargo de las políticas sociales. Quizás  no le falte razón cuando dice que éstas deberían ser gestionadas desde la cercanía municipal. Pero de ahí a trazar el tenebroso panorama que aventura –“el caos más absoluto”, según propias palabras-,   media un gratuito y demagógico abismo. Nada nuevo en un personaje que lleva tiempo salido de madre.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar