Tendencias artísticas

En Bolzano, la capital italiana del Alto Adigio, una limpiadora del museo de arte moderno llenó dos bolsas de basura con botellas de champán vacías, cajetillas de tabaco, confeti pisoteado, una vieja bola de espejos y otros desechos desperdigados por el suelo.

A la señora nadie le había explicado que aquel montón de inmundicia identificable con los restos de una fiesta formaba la instalación “¿Dónde vamos a bailar esta noche?”, que sus “instaladoras”, Sara Goldschmied y Eleonora Chiari, elevaron a la categoría de obra de arte para significar el fin de fiesta del desmadre consumista y de la especulación financiera en los ochenta.

Hace falta mucha imaginación para ver en ese montón desordenado de basura una metáfora del consumismo, pero los caminos del arte son infinitos y la imaginación de la gente para recorrerlos tampoco tiene límites. Lo cierto es que ahora, en museos y salas de exposiciones convencionales se exhibe lo que genéricamente llaman “instalación”, una muestra del arte conceptual que nació cuando Marcel Duchamp reivindicó la belleza de los objetos cotidianos y colocó en un museo un orinal que tituló “Fuente”, que era una sátira del museo mismo como lugar de peregrinación.

Pero al artista francés le salieron discípulos que quieren convertir en obras de arte objetos de lo más ordinario y vulgar, sin trabajo creativo alguno. Hay muchos ejemplos de este nuevo “arte conceptual”, desde somieres con el metálico oxidado colgados de una ventana o un montón de chatarra en el centro de una estancia, hasta una fregona y latas de conservas formando un “conjunto” con botes de un refresco, un cubo de basura lleno de piedras o el vaso de cristal mediado de agua que expuso el cubano Wilfredo Prieto en ARCO, por no citar otros objetos de tinte escatológico.

Que los críticos de arte perdonen mi ignorancia, pero uno no encuentra valor artístico en estas vulgaridades, nunca comparables con el canon griego de belleza, la sobriedad del románico, el esplendor del renacimiento, la luminosidad del gótico, la exuberancia del barroco o las espléndidas manifestaciones del arte contemporáneo.

El genial Manquiña, interpretando a Pazos en Airbag decía: “mira nena, aquí hay una cuestión: el concepto es el concepto, discutamos el concepto…”. Puede que estas palabras den la clave para entender estas “obras de arte”. En todo caso, también es cierto que, como reza el viejo dicho, para gustos se pintan colores.

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