Felipe VI subraya que es un Borbón-Anjou y no el heredero del sucesor de Franco

El hecho de que el Rey Felipe VI haya otorgado a su hija mayor, la princesa Leonor, el Collar del Toisón de Oro obedece a razones de tradición, continuidad y al deseo de institucionalizar la figura de heredera de la Corona. Hasta el reinado de Juan Carlos, el Toisón estaba reservado a los varones. Ya es una novedad, teniendo en cuanta que no una condecoración del Estado, sino un privilegio exclusivo que el monarca ejerce libremente.

Pero más allá de esta circunstancia, es evidente que la Corona despliega nuevos elementos en la construcción del “Imaginario Monárquico” en orden borrar toda sobre de sus vestigios franquistas. El lanzamiento de la imagen de la hija mayor de Felipe pretende convencer de que la monarquía es un proceso natural en toda regla que se sucede a sí mismo, que siempre ha sido así. Parece un poco temprano, sobre todo por sus aires modernizadores, que se precipite algo tan añejo como esta concesión, que quizá podría esperar. Y en el futuro inevitable también van a afectar a la propia Corona.

Un detalle llama la atención: En el BOE de 31 de octubre, (Real Decreto 979/2015, de 30 de octubre, por el que se crean el Guión y el Estandarte de Su Alteza Real la Princesa de Asturias, y se modifica el Reglamento de Banderas y Estandartes, Guiones, Insignias y Distintivos, aprobado por Real Decreto 1511/1977, de 21 de enero), al describir el escudo de la hija de Felipe y Letizia se dice, entre otras cosas:….. “Sobre el todo, un escusón de azur con tres flores de lis de oro, con bordura de gules que es Borbón-Anjou”. Esto es, la Casa de Francia genuina, pero disimulada. Nada nuevo, pero es interesante el añadido «Anjou». Ahí no hay duda. Por cierto, en el escudo no figura un escusón (escudo pequeño en la forma tradicional), sino un rosetón. ¿En qué quedamos?

Se reivindica la tradición Bourbon-Anjou; es decir, la Casa de Francia, de paso, se quita definitivamente de en medio sutilmente al eterno pretendiente, al que algunos legitimistas franceses denominan “Duque de Anjou”, el bisnieto de Francisco Franco y de Alfonso XIII, Luis Alfonso. Por cierto que algunos expertos en estas cosas dicen que, según el Derecho dinástico histórico español, por el llamado “Derecho de representación” (el nieto del Rey hereda los derechos de su padre si este fallece sin haber reinado, y en todo caso, las renuncias al trono afectan a quien las proclama, no a su estirpe) su padre, el desdichado duque de Cádiz sería el depositario de los derechos de primogenitura porque la renuncia de su padre, el pobre Don Jaime, carecerían de efecto en su persona y por tanto, en este galimatías familiar, él sería el legítimo depositario de los derechos históricos. Por algo lo patrocinaba doña Carmen Polo de Franco.

A Luis Alfonso, (que tiene doble nacionalidad) los franceses que lo proclaman la llaman “Monseigneur” y lo tienen por la encarnación viva de los Capetos, en tanto los fieles de Juan Carlos I sólo lo consideraron un pariente del rey emérito. Para otros, Luis Alfonso es el jefe de los Borbones y de la Casa Real Francesa. Y para que nadie lo dude, sus hijos gemelos fueron bautizados en la basílica de San Pedro del Vaticano en septiembre de 2010. Ofició la misa el cardenal AngeloComastri, vicario entonces de Benedicto XVI. Es decir, como hijos de rey.

Y no digamos la disputa que mantiene con la rama de Enrique de Orleans, conde de París, gran rival de su padre y ahora suyo en la batalla por el trono francés. Esto es como ser pretendiente al trono de la luna. Los Orleans son una rama menor de los Borbones, descendientes de un hermano de Luis XIV, el rey Sol. Un miembro de esta rama votó a favor de la ejecución del rey Luis XVI en la Revolución Francesa. Y tras la Restauración borbónica, otro Orleans reinó brevemente. Pero parece que el asunto se acabó ahí para siempre.

Pero es importante advertir el cambio, ahora, sin complejos, los Bourbones resaltan su condición  Anjou. ¿Otra pretendienta al trono de Francia?  Cierto que la rama española rodea su escusón con un cerco rojo (bordura de gules) para diferenciarse de la Casa de Francia original, bueno, es un decir, salvo en el escudo de las camisetas de la Selección española de fútbol donde está el escudo original de la rama francesa genuina sin cenefa. La Casa de Francia, Bourbon-Anjou, resalta su trazo original: sus armas sobre las de España es la visión de nuestra propia decadencia, pero pondera el vínculo con la estirpe francesa original no con la que Franco entronizó Ahora vuelven a ser Bourbón-Anjou. No se solía emplear este apelativo. ¿Por qué ahora? ¿Hay que borrar el origen del orden dinástico que reina en España y reconducirlo a la fuente primigenia de su pretendida legitimidad. Eso parece.

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