Una mujer para la ONU

Un diplomático cuenta que en una reciente comida de trabajo para los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la conversación abordó el espinoso asunto de la próxima elección del nuevo secretario general.

Cuenta el alto funcionario que un embajador les recordó a sus colegas una resolución de la Asamblea General de enero de 1946 en la que se estipula que el cargo de secretario general debe ser ocupado por un “hombre de eminencia y grandes logros”. Tal vez, dijo el embajador, alguien podría querer añadir “o una mujer”.

Por supuesto que sí. Desde su creación, hace 70 años, el puesto sólo ha sido ocupado por hombres. Es más, sólo ha habido en estas siete décadas dos candidatas, en 1953 y en 1991, que fueron discretamente apartadas. La elección se ha realizado siempre a puerta cerrada y siempre vinculada al veto de los cinco miembros del Consejo de Seguridad.

El actual secretario general, Ban Kimoon, seguirá en el puesto hasta finales del 2016 pero las conversaciones sobre su sucesor/sucesora ya están en marcha y, de hecho, existen dos campañas para lograr que por primera vez en su historia sea una mujer quien represente al máximo organismo internacional. Una de estas campañas la lidera Colombia. Su embajadora ante la ONU, María Emma Mejía, ya ha conseguido el apoyo de 44 Estados.
Sin duda la elección de una mujer al frente de la ONU tendría un gran valor simbólico, sería concebido en el mundo entero como un gesto de compomiso con la igualdad entre mujeres y hombres, sobre todo si tenemos en cuenta que este es uno de los nuevos objetivos de la ONU para el desarrollo de cara al 2030.

La elección hasta ahora ha respondido a las relaciones de fuerza en el seno del Consejo de Seguridad, a un delicado juego de equilibrio donde objetivos estratégicos y repartos geo-políticos son los criterios sobre los cuales se busca el candidato de consenso. Pero ¿Acaso hay aún hoy alguna excusa para que las mujeres no puedan acceder a las posiciones de máxima relevancia internacional?

De acuerdo a una regla no escrita, en el 2016 debería elegirse a un candidato de Europa del Este pero esto no quiere decir que no puedan surgir candidatas de otras partes del mundo. ”Ha habido 8 hombres y ninguna mujer. Para mí ya es hora” afirma Jean Krasno, profesora de Yale y que lidera la otra campaña para elegir una secretaria general. Puestos a confeccionar listados los nombres sobran. Suenan Helen Clark, ex primera ministra neozelandesa, la comisaria europea búlgara, Kristalina Georgieva, la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, incluso la presidenta chilena Michelle Bachelet.

Existen en el planeta unas 20 jefas de Estado y Gobierno, y las mujeres suponen un cuarto de los altos cargos del secretariado de la ONU. Para los miembros del Consejo de Seguridad debería ser relativamente fácil ponerse de acuerdo sobre la candidata porque haberlas, las hay. Y evidentemente las hay también que cumplan todos esos requisitos imprescindibles para el cargo, sazonados de geoestrategia y delicados en los equilibrios de poderes… Lo que hace falta solo es voluntad: que la mayoría de hombres que eligen voten por una mujer.

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