El curriculum secreto de Pepiño Blanco

Si ustedes entran en la web del Parlamento Europeo y teclean el nombre de José Blanco, verán las comisiones y actividades donde se supone que interviene, pero si pinchan en currículum, se encontrarán con que “no está disponible”. Si buscan otros diputados de los países representados y eligen cualquiera al azar, con un poco de suerte, podrán leer cuál es su formación, en qué han trabajado, aparte de las funciones que hubieran desempeñado en la política.

Los currículos de los diputados contienen los apartados de formación (títulos y diplomas), carrera profesional, carrera política, otras actividades y, en su caso, las condecoraciones. Del señor Blanco no hay un solo detalle. Bien es cierto que no es el único de los parlamentarios que no cuentan su vida laboral. En los currículos electorales de Blanco se le atribuye, sin más detalles, la condición de administrativo (¿dónde?) y haber iniciado -pero no concluido- los estudios de Derecho. En alguna materia llegó a agotar las convocatorias sin superar conocimientos esenciales.
La salud pública de una comunidad exige que quienes la gobiernan sean ejemplares en los valores comunes que conforman lo que la gente de la calle llama un hombre cabal. En el Reino Unido, nadie va a la política si previamente no ha realizado alguna actividad profesional. Algunos son obreros que devienen en líderes sindicales y acaban en el Partido Laborista; otros, como así ocurrió, han trabajado en el circo, y llegan a primeros ministros conservadores. Pero nadie se imagina allí un caso como el del personaje que nos ocupa.

La política es una dedicación, no una profesión, salvo entre nosotros. Estos días se empieza a ronronear el nombre de quien, para mí, constituye un ejemplo negativo de lo que no se debe ser en la vida. Sin oficio, sin beneficio, sin otra formación que ser habilidoso para manipular un partido huérfano de líderes o de líderes fracasados, la casualidad o una serie de coincidencias llevaron a la paradoja de que un sujeto sin currículum laboral fuera nombrado ministro de Fomento; es decir, el departamento que debe estimular el trabajo y la creación de riqueza del país y cuidar de que todo funcione.

Mal debe andar la organización territorial del PSOE en Galicia si se empieza a ir lanzando la idea de que José Blanco puede ser su candidato a la Xunta de Galicia. Pero ya comienza a apreciarse el aire turiferario que lo va dejando caer. Sin otro modo de vida que la política –que debió de serle rentable por lo que luce- este caballero acampa a la sopa boba del Parlamento Europeo, si bien ni su propio partido se molesta en contarnos con detalle qué viene haciendo allí. Aparte tiene una web bien planteada donde vierte sus opiniones al tiempo que se pone a disposición de quien quiera acudir a él, ignoro con qué resultados.

Los gallegos somos un pueblo de trabajadores, de gente que se gana su jornal en la ocupación de cada uno. ¿Es que el PSOE no conserva un poco de respeto por los obreros, los profesionales, los marineros y los campesinos y quiere recuperar a este personaje para gobernarnos cuando no ha hecho otra cosa que ir viviendo de la política, hasta que lo aparcaron en Bruselas, porque en algún sitio hubo que ponerlo?

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