La izquierda se retrata

Se está dando por hecho que el Partido Socialista se sumará al “pacto por España” que ha propuesto Ciudadanos para, en el fragor de la ofensiva independentista catalana, visualizar mediante algún acto o manifiesto especial la unidad de las fuerzas políticas en torno a la Constitución y las leyes. Pero o mucho me equivoco o no será así.
La desaparición mediática de su secretario general, Pedro Sánchez, tras el encuentro con el presidente Rajoy, recuerda el célebre estrambote de Cervantes: comió, se hizo una foto, fuese y no hubo nada. Tan así fue que ni apareció por la sala de prensa, tal como han venido haciendo los demás interlocutores recibidos en Moncloa. Ello fue indicio suficiente de lo poco o nada que le gusta al PSOE presentarse en compañía de lo que él llama ahora “las derechas” y muy especialmente con el Partido Popular. Ni siquiera en momentos tan críticos como los presentes.

Por supuesto, en la entrevista con Ana Blanco en TVE 1 eludió cualquier referencia al respecto. Y es que la política del PSOE en este sentido no debería sorprender: o lleva él la batuta de este tipo de iniciativas o las dinamita y vacía. Y en tiempos electorales como los que corren no contar con la ventaja de la paternidad de las mismas es como para pensárselo dos veces.

Tiene además Pedro Sánchez el problema añadido de las discrepancias internas. Barones territoriales relevantes como Iceta (Cataluña), Ximo Puig (Valencia), Patxi López (País Vasco) y algún otro han coqueteado cuando no colaborado activamente con los nacionalismos correspondientes como para ahora ponerse a hacerles frente de forma clara, sin peros y sin salirse por la tangente de las “soluciones políticas”. Es decir, sin invocar una negociación con los secesionistas que ni procede ni ahora toca. Al igual que hoy por hoy no toca meter por medio la eventual futura reforma constitucional.
Por otra parte, la propuesta de Ciudadanos cuanta con un quinto y último punto que al PSOE le descoloca todavía más: el compromiso de no pactar ni gobernar con formaciones políticas “que quieren romper España”. Ello obligaría de algún modo a Sánchez a revisar sus variopintos acuerdos con Bildu, Podemos y, en Cataluña, con los propios partidos que están alentando el proceso independentista. No hay que olvidar además que no pocos consistorios socialistas forman parte de la AMI o Asociación de municipios por la independencia. Sánchez no querrá, en consecuencia, atarse las manos para poder negociar en su momento con quien le venga bien, que es lo que sabe y acostumbra.

De todas formas, estoy con quienes no agradecerán lo suficiente a Rajoy el ejercicio de clarificación en que han devenido las citas en Moncloa de diversas fuerzas políticas y sociales. Allí, en la sala de prensa del palacio presidencial, la izquierda se ha retratado y ha dejado claro que no está por la labor de oponerse con la razón y la fuerza del Estado a las pretensiones nacionalistas. No está nada mal saberlo por si a alguien le quedaba aún alguna duda.

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