El tema tabú

Este modesto comentario tiene más preguntas que respuestas sobre el «procés» catalán, que está generando la crisis de Estado más grave que conocen los españoles vivos. Para empezar, no es fácil entender que los dirigentes de Convergencia, partido conservador y burgués, que dicen defender los intereses económicos de la Cataluña industriosa y rica, estén siguiendo los dictados de un partido antisistema que aspira a acabar con ese modelo.

Tampoco se entiende que los empresarios catalanes no haya reaccionado con más fuerza ante el desprecio que Artur Mas y sus colegas nacionalistas muestran hacia el resto de España que compra en torno al 47 por cien de lo que produce Cataluña. Deben ser los únicos que no reaccionan viendo maltratar a su mejor cliente.

Es un misterio sin desvelar que los independentistas, entre los que hay juristas, escritores, periodistas y medios, profesionales liberales y muchas personas estudiadas, sigan a estos dirigentes políticos que manipulan la historia y la economía e inventan agravios, y que den credibilidad a la promesa de una Cataluña próspera y feliz tras la independencia, «sin paro, sin corrupción y con mejores servicios».

Se entiende menos aún que Esquerra y la CUP, tan progres y puritanos, estén dispuestos a mantener en el poder a una Convergencia corrupta, que lleva años esquilmando a Cataluña con la mordida del tres por cien, y a Artur Mas, que es de la camada de los Pujol. Esa masa de seguidores o está anestesiada o come del pesebre del independentismo.

En fin, que aquella Cataluña, antaño próspera y emprendedora, navega ahora a la deriva con el peligro cierto de naufragio. Se han metido -nos han metido a todos- en un mal negocio que, pérdidas económicas aparte, está creando profundas divisiones con el resto de España y en la misma sociedad catalana donde, por cierto, viven y trabajan muchos gallegos que ya sufren, en palabras de Henry Kamen, «el drama del hogar dividido» porque en sus casas no pueden hablar de lo que allí llaman «el tema».

¿Cómo acabará esta locura? Profetizar es arriesgado, pero el nacionalismo, siempre activo, continúa dando pasos en la construcción del estado nacional catalán. Entre ellos, sigue adoctrinando hoy a las nuevas generaciones en la desafección a España que «oprime a Cataluña», lo que determinará mañana el sentido de su voto. Por ello, el «procés» puede tener ahora un arreglo temporal, pero la deriva independentista parece irreversible.

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