Cien de la Casa de la Troya

SI la casa museo de la Troya permanece abierta se debe solo al impulso y entusiasmo de un grupo de amigos capitaneados por Benigno Amor, quien a su vez es continuador del proyecto que el siglo pasado puso en marcha su padre. Este simbólico espacio cultural apenas sí recibe ayudas oficiales y se le ve desde los despachos como un simple reducto de la nostalgia universitaria.

Este año se han cumplido cien de la aparición de la novela más editada y leída de cuantas tienen a Compostela como escenario. Un texto que ha sustentado películas, obras de teatro, interpretaciones pictóricas, musicales… Cien años caminando y llamando a conocer nuestra ciudad mucho antes de que los planes turísticos y las líneas de bajo coste despertaran el magín de los tecnócratas del ramo. Cien años de reclamos que no se han visto conmemorados con la atención que merecen.

La Casa de la Troya de Alejandro Pérez Lugín vio la luz en 1915 y rápidamente acaparó la atención de todo tipo de lectores. Su retrato de la Universidad y de buena parte de la burguesía compostelana de finales del XIX alcanzó gran popularidad pero, quizás por lo mismo, una escasa atención por parte de la «intelectualidad literaria». Hoy podemos decir que la obra es un verdadero mito, tan grande como mal atendido.

La calificación –quizás descalificación– de folletón ha privado a esta novela y a su autor de los estudios y aplausos que merecen. En el año 2009, junto con Mercedes Pacheco, aposté por una nueva edición actualizada y anotada. La ilustró Suso Cubeiro. El Consorcio nos echó una mano, las acuarelas de Suso forman parte del museo y la edición de lujo está agota.

Aquel esfuerzo me sirvió para conocer mejor la obra. Volví a enamorarme de ella como ya me había sucedido diez o quince años antes al leerla por primera vez. No me duelen prendas al decir que se trata de una narración excelente, un retrato de la época genial, comparable con cualquiera otra novela de su tiempo. Esas que se estudian y prescriben en las universidades.

Pues bien, junto con la misma desidia que se contempla la pensión –ahora museo– donde el autor situó la acción principal, durante los días seis y siete se cerrará el primer centenario en blanco. Se celebrarán los II Encontros Troianos de Compostela, una vez más gracias al entusiasmo de ese grupo de amigos de la tuna, del museo y de la novela. Y nada más.

Luego volveremos a pasar por la Rúa da Troia sin sorprendernos al ver las puertas cerradas de la casa que regentó doña Generosa y dio cobijo a las penas de amor de Gerardo Roquer por Carmiña de Castro Retén.

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