Que no robe demasiado

El periodista argentino Fernando Gualdoni escribía en agosto que “a pocos meses de la elección presidencial la sensación en la capital argentina y en la provincia de Buenos Aires, distritos electorales clave, es que los votantes no aspiran a tener un Gobierno íntegro, sino uno que no robe demasiado”.

Pese a que la realidad política, económica y social de España es muy distinta a la de Argentina, ese sentimiento de resignación ante lo corrupción la tienen también muchos ciudadanos en nuestro país. En el caso de Galicia, acredito haber escuchado a un ciudadano dos días antes de las elecciones municipales en una tertulia de cafetería “teremos que votar ó que menos roube”.

La expresión, similar a la de los argentinos, es propia de un alma rendida, resignada a que los dirigentes sean corruptos, un pensamiento lógico después de tantas operaciones anticorrupción que descubren comportamientos indecentes en la gestión pública. La última, por ahora, la operación Patos, que afecta de forma transversal a políticos de la administración provincial y local del sur de Galicia, “el distrito” que faltaba, que utilizaron sus cargos para cometer, presuntamente, delitos o irregularidades –-la justicia sentenciará– al amparo del poder con la connivencia de funcionarios y empresarios.

El modus operandi es similar a otros casos –adjudicaciones a dedo, enchufismo…–, una forma de hacer política que, además de “perder” dinero de todos por el camino, atenta contra el principio democrático de la igualdad de oportunidades de otras empresas y personas que no pueden acceder a licitaciones ni optar a un puesto de trabajo. Son los políticos y funcionarios quienes amañan concursos y empleos para amigos y parientes.

Es cierto que son casos aislados y que hay que aplicar la presunción de inocencia, pero en política rige el principio de ejemplaridad, exigible a todo cargo público. Por eso, en paralelo a la actuación de la justicia, que es de una lentitud exasperante, deben actuar con celeridad los partidos –acaba de hacerlo el presidente de la Xunta– para expulsar a quien no gestiona con un comportamiento ético. Algunas conversaciones escuchadas deberían acarrear ceses fulminantes.
“Nuestra verdadera revolución es ser honestos en medio de un sistema corrupto”, dijo Beppe Grillo, un personaje al que dirigentes del orden establecido califican de anti sistema. Deberían aprender de él incorporando, al menos, esta norma de actuación.

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