¿Servirá el 20-D para hablar de crecimiento?

La economía, la posible recuperación de España, parece que va a centrar la campaña electoral de las elecciones generales de Navidad. La verdad es que una precampaña –fase en la que ya estamos- no es el mejor momento para hacer análisis rigurosos sobre la economía, puesto que el que más y el que menos arrima el ascua a su sardina, pero es lo que toca.

El Gobierno de Mariano Rajoy siempre va a partir de que los socialistas dejaron todo fatal y que arregló la situación, para apoyar al PP, y la Oposición se dividirá entre quienes darán lustre a los tiempos de gloria de las políticas socialdemócratas, para mayor gloria del PSOE, y quienes cuestionan tanto al PP como al PSOE, que es lo que harán IU y Podemos, por ejemplo.

Ser rigurosos en el análisis, sin ser partidistas, no es tarea fácil. Pero hay cosas que nadie discute, porque están ahí, a la vista de todo el mundo. España se ha empobrecido y es más desigual. En realidad, España produce más o menos lo mismo que antes pero reparte peor su riqueza: ha destruido millones de empleos y sostiene a más personas sin recursos; a menudo gracias a la cohesión de las familias. En cambio, a diferencia de España, otros países ya recuperaron lo perdido en la recesión, sin tantos traumas sociales, porque no tienen ni tuvieron nunca tanto desempleo. Empezando por los Estados Unidos, germen de la crisis, que ahora está casi en pleno empleo, sin haber hecho devaluaciones salariales.

¿Qué le impide a España seguir el ritmo de recuperación de países como Alemania o EE UU? Entre otras cosas, la falta de competitividad y su elevada deuda, sobre todo la privada, que se multiplicó por tres en la década del 2000. El problema más grave en España no es el déficit, ni la deuda pública, lo es la deuda privada y haber generado durante años y años menos ingresos que pagos al exterior, de manera que el país tuvo desequilibrio comercial y financiero, y todo lo demás, incluido el paro y el déficit, es una consecuencia. Pero al mismo tiempo claro que son un problema la deuda pública, el déficit y muchas otras variables macroeconómicas, por fortuna cada vez menos descontroladas, aunque no enderezadas.

Sería una pena que la campaña no mirase al futuro, porque por muchas discrepancias que haya sobre la controvertida gestión económica de Rajoy, no están ahí las soluciones para los españoles. La oposición, tanto la socialista como la alternativa –ya sea por el centro (Ciudadanos) o por la izquierda (Podemos), tiene una oportunidad para dar a conocer su modelo económico, que en el caso de España exige crecer más para después tener algo que repartir. Pero de nada servirá hablar de subidas salariales o más ingresos fiscales para garantizar mejores políticas sociales si antes el Producto Interior Bruto no crece mucho y bien; es decir, si el PIB no crece básicamente en la industria, que es donde está el valor añadido.

De esto último se habla poco en España, lo cual también es peculiar, ya que si cogemos los discursos de Angela Merkel o de Barack Obama vemos que están centrados, semana a semana, en la innovación, la educación y la industria 4.0. ¿Por qué Rajoy no habla en esos términos, lejos de meterle miedo a la gente con que vienen los radicales? ¿Por qué Pedro Sánchez no plantea una nueva política económica que reindustrialice España, en vez de su cansino discurso del Estado del bienestar? No habrá Estado del bienestar sin ingresos fiscales y no habrá ingresos fiscales sin generar riqueza.

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