La sombra del nogal

En febrero les conté como la cúpula de la agrupación local compostelana del PSOE se había convertido en un nogal que no dejaba crecer la hierba bajo sus ramas. Los reyes del nogal fueron estrepitosamente derrotados en las elecciones municipales y en mayo insistí sobre la idea de que el tren del socialismo compostelano estaba en vía muerta. Sugería, como muchos militantes, una refundación y aparcar -no expulsar- a los responsables del desastre. La respuesta se concretó en el silencio y en el trampantojo de una gestora llamada a resolver la situación. En la última asamblea del 24 de septiembre la tupida sombra del nogal ha optado por seguir cavando la tumba del PSOE compostelano.

La gestora les ha servido para amordazar las disidencias, para eludir rendir cuentas -las económicas de la campaña electoral y las responsabilidades del descalabro- y crear la ficción de un cambio. Pero las torpezas y los chanchullos se han convertido en una sucesión de fichas de dominó, que van cayendo sin remedio al tiempo que el grupo municipal -único reducto de mínima representación política y social- va desapareciendo del imaginario de la ciudad.

El escándalo de la última asamblea local representó los nuevos estertores de una pareja de cisnes, que se niegan a dejar de bailar creyéndose los dueños del lago. Desde posiciones reales de izquierda resulta difícil comprender que, para algunos, la política en lugar de una pasión sea una simple profesión.

Solo así se explica el acarreo de votantes de dudosa militancia ideológica en el más puro estilo caciquil. Así se comprende la deturpación de compañeros que no siguen su compás. Solo así puede llegar a entenderse la falta de respeto a las normas y reglas del juego que nosotros mismo nos hemos dado.

Así se explica la gloria del chanchullo y el juego sucio vivido en la pasada asamblea. Solo así se acepta que la secretaria de Organización del partido encabece la lista de la provincia a las generales con solo 55 votos de los casi seiscientos de la militancia compostelana. Un escaso 10 % de su propia agrupación. ¿Conseguirá para Pedro Sánchez la misma representación en las urnas?

Quienes creemos en la democracia entendemos que un partido político es un instrumento para alcanzar el poder y transformar la sociedad. Si el partido no funciona ideológica y democráticamente, deja de cumplir su función social. Durante más de tres décadas el PSdeG-PSOE compostelano ha sido ejemplo de unidad política y de acción en un puño. Ahora semeja ser un chiringuito trabajando por un puñado de sueños de influencia, bajo la tupida sombra del nogal y hacia nuevas siglas: R.I.P.

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