La debilidad verbal de Rajoy y la condición de español

Vamos de disparate en disparate. Con independencia del pobre discurso, del débil y confuso mensaje de Rajoy –que parece un pobre hombre, vencido por los hechos a los que no sabe responder-, esto de es locos. Los que quieren alzarse contra la Constitución y separarse de España para constituir una nueva nación, quieren seguir amparados por la Constitución que ignoran y seguir siendo españoles…y de otra nación al tiempo.
Un Rajoy montado en un pobre discurso, sin argumentos, pobrísimo de recursos verbales, interrogando al entrevistador en lugar de establecer los principios que debería dejar sentado se suma al saldo negativo, no ya de la campaña electoral, sino de los pertrechos con los que el Gobierno debería enfrentarse a la secesión.
Si uno quiere renunciar a España y separarse, ¿cómo es que quieren seguir siendo españoles? En un hipotético caso de que Cataluña se separara de España, tras una reforma de la Constitución, aprobada por todos, puede que cupiera contemplar un convenio de doble nacionalidad. Pero aparte de la ineficacia jurídica de una declaración unilateral de independencia, ¿cómo es posible que los mismos que no se consideran concernidos por el orden constitucional que quieren vulnerar, reclaman que ese mismo orden proteja “su derecho” a seguir siendo españoles? Y lo más curioso es que la Constitución  y la legislación civil protegen y amparan el Derecho de los que nacen españoles a serlo por encima de todo.
Después de haber metido previamente la pata, mostrando cierta comprensión hacia la reivindicación de los separatistas o de decir que aplicar la Constitución (art. 155) seria “una bomba atómica”, el ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación, José Manuel García-Margallo, ha salido ahora con que  “en absoluto” podrán mantener la nacionalidad española los catalanes, si esta comunidad se independiza del resto de España. “Cuando uno se sale de un país abandona todos los atributos que le da la pertenencia a ese país. Decir esto [que podrían mantener la nacionalidad] es una ocurrencia que no sé quién ha dicho”, proclamó en Barcelona.
Hay perogrulladas que no es necesario repetir. Pero nadie se ha ocupado del caso contrario; es decir, de los catalanes que viviendo en Cataluña, en esa hipotética independencia (al margen del modo de lograrla), que no quisieran adquirir la nueva nacionalidad y prefirieran seguir siendo españoles. En este caso, su vecindad civil no los arrastraría, y si es su voluntad, ¿quién los iba a privar de seguir siendo españoles (residentes en el extranjero).
En  estos días finales de la campaña electoral, los titubeos de Rajoy, que se supone conoce bien nuestro Derecho Constitucional y Civil, permiten que le repliquen voces como la de la vicepresidenta de la Generalitat y portavoz del Govern, Neus Munté, quien llega a decir que Mariano Rajoy, “desconoce el contenido de la Constitución española”, en cuanto a lo que pasaría con la nacionalidad de los catalanes en caso de una hipotética independencia, cuando por otra parte, según ella, el PP la exhibe por todos lados.
En realidad, a un Rajoy sin fuerza ni contundencia lo llevó al huerto el su entrevistador en Onda Cero, quien a su vez se despachó con su propio dictamen sobre cómo pueden seguir siendo españoles los que no quieran ser españoles. Y sencillamente lo hizo porque el jurista Rajoy no supo replicar.

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