Salidas laborales

Va a ser de obligada consulta el “mapa de la empleabilidad” de las diferentes titulaciones universitarias –su publicación la anunció el secretario de Estado de Universidades hace unos días–, para conocer de primera mano “a nivel de universidad y de facultad” cuáles son los grados que mejor funcionan y mejor conducen a los jóvenes al mercado laboral.
Si las universidades quieren ser relevantes y útiles en sus territorios deben poner la formación al servicio del empleo, adecuando los planes de estudio de sus facultades para que los estudiantes salgan de las aulas capacitados, cada uno en su especialidad, para integrarse en el cambiante “mercado laboral” de hoy y en el hábitat laboral que viene, que será sustancialmente distinto.

En 2013 dos profesores de la Universidad de Oxford, Carl Frey y Michael Osborne, presentaron un estudio sobre el futuro del empleo y vaticinaban que en veinte años cerca de la mitad de los puestos de trabajo analizados, un total de 700, estarán obsoletos, irán desapareciendo.

Y eso ya está ocurriendo. Las nuevas tecnologías brindan extraordinarias oportunidades a la sociedad, pero erosionan el mundo del trabajo porque máquinas de distinta naturaleza están asumiendo funciones y tareas que eliminan viejas profesiones en la industria, el comercio o los servicios que eran desempeñadas por cientos de miles de trabajadores.

No está claro que el salto tecnológico compense todos los empleos que destruye, pero sí es cierto que las tecnologías generan otros oficios que requieren nuevos conocimientos, destrezas y habilidades que hay que enseñar en las aulas para que los universitarios –y los alumnos de Formación Profesional– salgan de ellas en condiciones de desempeñarlos con solvencia.
Hace unos días escribía Christopher Dottie, director ejecutivo de la consultora Hays España, que la universidad enseña, en muchos casos, lo que el mercado no necesita, formando a miles de licenciados cuya única salida acabará siendo el desempleo. Por el contrario, hay trabajos que quedan sin cubrir porque no existen profesionales con los conocimientos requeridos.
Para evitar este “desajuste” del talento con el mercado laboral, las universidades deben auscultar permanentemente las necesidades de la empresa y la industria y explorar la evolución y cambios que traerá consigo la tecnología. No tiene sentido alguno mantener titulaciones con planes de estudios desfasados que ya no demanda el mercado laboral.

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