Un desafortunado Piqué

Desconozco las motivaciones que impulsan a determinados aficionados futboleros a pitar a Gerard Piqué cuando juega con la selección nacional. Él dice que se deben a la clásica y vieja rivalidad Barça-Real Madrid. Otros prefieren ver en ello causas o razones políticas. Y hay quien se remonta a envidias personales por tratarse –piensan- de un chico guapo, rico y bien acompañado.

Creo que puede haber un poco de todo. La verdad es que chirría un tanto ver vestido de español a un activista del separatismo catalán. Como vulgarmente se dice, no se debería poder soplar y sorber al tiempo. Y verdad es también que otros barcelonistas llevan su antimadridismo acérrimo de forma más discreta o, al menos, no tan públicamente provocadora. Pero Piqué es especial, por decirlo de forma suave.

El jugador se defendió hace unos días de pitos y silbidos en una rueda de prensa en la que fue de sobrado y estuvo mínimamente autocrítico. Lo allí dicho fue recibido con general complacencia por el sistema mediático. Igual que el modo de decirlo: una mezcla de sinceridad, autosuficiencia, descaro y un punto de chulería.

Dudo, no obstante, que el sistema hubiera reaccionado con igual contento de haberse tratado de un brillantísimo jugador que desde hace seis o siete temporadas viste de blanco. Pero, en fin, ya se sabe que también en el deporte funcionan las bulas y las distintas varas de medir.

De todas formas, de las declaraciones de marras es digno de atención –creo- el pasaje en que el jugador justificó sus excentricidades y salidas de tono con el “yo soy así; no me arrepiento de nada; lo haría una y mil veces; no puedo cambiar ni quiero”. Ahí está el meollo del asunto. Porque ni en la vida personal, ni social ni profesional uno puede hacer lo que el cuerpo pide. Y menos cuando se tiene una cierta dimensión pública. Para eso está la educación y el civismo: para reconducir los impulsos naturales que en mayor o menor medida deterioran la convivencia.

Decir lo que se piensa es sinónimo de sinceridad e independencia. Pero es algo que debe ir acompañado de prudencia y sentido de la oportunidad. Expertos en empresa señalan también que no vale con decir “yo soy así”. Ser fiel a tus valores –añaden- no te puede hacer inflexible. Y la definición de uno frente al otro, ya sea Barça frente a Madrid, Cataluña versus España, o el departamento comercial frente al de márketing no es buena para el grupo.

No sé si ello será mucho pedir para un hombre elemental como el que aparenta ser Gerard Piqué, que en sus momentos de euforia deportiva se lleva a modo de recuerdo, como tantas veces lo hemos visto, redes, banderines y todo lo que sobrevive sobre el césped. Es, no obstante, una lección de interés general que bien pudiera extraerse más allá y por encima del incidente de los pitos y silbidos al jugador.

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