Aylan Kurdi, el niño de la playa

Hasta que los mismos medios de comunicación, que en este mundo global cuentan la historia de toda la humanidad, nos sorprendieron con la imagen impactante del cuerpo sin vida del niño sirio Aylan Kurdi que las aguas depositaron en la playa turca de Bodrun, a cien metros de otros niños que jugaban en la arena mientras sus padres tomaban el sol en ese exclusivo rincón veraniego. Tenía 3 años.

La muerte de esta criatura es el símbolo de la inmigración, de los perseguidos por las guerras, de los hambrientos, de los desheredados de la tierra. Él personifica el drama de miles de niños muertos que acompañaban a sus padres en una huida desesperada y  llevaban grabado en sus rostros el pánico, la angustia y la desesperación. “Por favor, parad la guerra de Siria, no queremos ir a Europa. Tan solo parad la guerra de Siria”, era la petición desgarrada que hacía otro niño sirio de 13 a los países desarrollados, sobre todo a Europa, que ahora se conmueven y movilizan ante el problema de los refugiados. Un problema que occidente vio nacer en Siria y contribuyó  a crear en Libia, Irak y Afganistán derribando regímenes dictatoriales, pero dejando detrás una situación caótica, mucho peor.

La foto del pequeño Aylan tiene tanta fuerza que está siendo el catalizador de una ola de solidaridad de la sociedad civil y de los dirigentes políticos, aún de aquellos hasta ahora  más renuentes a la acogida de refugiados. Pero viéndola, muchos se acuerdan del poco respeto que tienen al derecho de asilo, de cuando hablaban de atacar a las mafias traficantes de personas, de la protección a algunos dictadores que provocan tanto exilio, de la “non nata” política de cooperación y ayuda al desarrollo de los países de procedencia…

El éxodo seguirá y algún día volveremos a ser sacudidos con la imagen de otro Aylan muerto. Pero después del aldabonazo, todo se quedará en buenos propósitos porque este occidente acomodado –Europa sobre todo, EEUU solo da consejos– es incapaz de encontrar  una respuesta humanitaria y solidaria para ayudar a los perseguidos y hambrientos, que son seres humanos.

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