La impune asesina de ETA, cocinera famosa en Bélgica

La noticia de que una despiadada asesina de ETA vive ricamente en Bélgica, regentando un afamado restaurante y que las autoridades de este país se niegan a extraditarla porque temen que en España sea torturada, ha provocado la lógica repulsa general en las redes sociales y otros medios, y en este sentido, se ha escrito de todo o de casi todo.Natividad Jauregi Espina es la etarra del ‘comando Vizcaya’ que el 19 de marzo de 1981 disparó por la espalda al teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche cuando salía de misa en la Basílica de Begoña en Bilbao. Sus hijos piden justicia y España pretende de nuevo su extradición.

Algunas personas han llegado a sugerir que, al igual que han existido y existen en otros países, España se dote de una unidad especial de operaciones que sea capaz de actuar en el extranjero para acabar o secuestrar a estos huidos y presentarlos ante la Justicia española. Algo de eso se pensó en tiempos de Carrero Blanco y en este sentido, ya tenemos la tenebrosa experiencia del GAL en tiempos de Felipe González, con una serie de vergonzosos resultados, amén del latrocinio de fondos reservados llevado a cabo por altos cargos del Ministerio del Interior. Llegó a justificarse la existencia de aquella banda alegando que “al Estado también se le defiende en las cloacas”.Nunca se reveló, por cierto, quién era “Mister X”, aunque estaba claro y todo apuntaba a Felipe González.

Es evidente que, pese a que este tipo de grupos exista y operen, un Estado de Derecho no puede ni debe utilizarlos legítimamente. Primero, si actúan en el extranjero es un atentado a la soberanía del país donde se desenvuelvan; en segundo lugar, una intervención contra la vida de un fugitivo es un mero asesinaTo, no una ejecución legal. En cuanto al secuestro, además de invadir las competencias del otro estado soberano, no valdría de nada a efectos legales, ya que la Justicia no puede aceptar que se le presente un reo que no haya sido conducido a su presencia de manera legal; esto es, a través de una proceso de extradición.
Pero no es menos cierto que este tipo de acciones se han dado se dan y la historia recuerda ejemplos notables. Cuando el general De Gaulle concedió la independencia a Argelia, un numeroso grupo de militares creó la OAS (Organización del Ejército Secreto) en francés, llegó a cometer 700 actos de terrorismo y atentó 13 veces contra De Gaulle, incluso dentro de la catedral de Nôtre Dame. El Estado francés puso en marcha una unidad especial muy eficiente que persiguió a los miembros del grupo armado allá donde estuvieren. Su modo de actuar se ve en la película “Chacal”, basada en la novela histórica de Frederick Forsyth.

También son famosos los casos del Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Sus agentes persiguieron a evadidos nazis por todo el mundo y llegaron a secuestrar Adolf Eichmann, en Argentina y trasladarlo a Israel, donde fue juzgado y ejecutado porsus crímenes de lesa humanidad contra el pueblo judío en el Campo de concentración de Dachau.

En España tenemos la doblemente vergonzosa experiencia de los ‘Grupos Antiterroristas de Liberación’ (GAL), servicios parapoliciales, con el concurso de delincuentes comunes, contratados al efecto. Estuvieron activos entre 1983 y 1987, durante el Gobierno del PSOE, con Felipe González al frente. Se financiaban con fondos reservados del Ministerio del Interior, parte de los cuales fueron al bolsillo de alguno de los dirigentes, como quedó probado. La enrevesada del GAL y de los Fondos reservados acabaría llevado a prisión a Rafael Vera número dos de Interior y responsable de la lucha antiterrorista durante nueve años y al ministro del Interior José Barrionuevo. En 1988, el presidente del Gobierno, José María Aznar concedió el indulto a Vera y Barrionuevo, a quien el propio Felipe González acompañó a la puerta de la cárcel el día de su ingreso.
Así que por mucho que indigne, no queda otro camino para presentar ante los jueces a los terroristas huídos que perseverar en las solicitudes de extradición, acompañada de una eficaz campaña en los países que los acogen para sensibilizar a la opinión pública.

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