El precio de la leche

El gran problema del verano en Galicia es el de los ganaderos, estrangulados por la industria láctea y las cadenas de distribución que están bien organizadas, controlan el mercado gallego y determinan precios a su antojo. Mientras, los gobiernos central y autonómico siguen sin reaccionar o reaccionan tarde con 300 euros por vaca que no resuelven el conflicto.

La reunión de la semana pasada en Madrid fue decepcionante, su balance son unas recomendaciones que apelan a la buena voluntad de las partes. Da la impresión de que las administraciones respetan a la industria y distribución y ningunean a los ganaderos en los que no ven a empresarios agrícolas que, con fuertes inversiones y mucho riesgo, producen cerca de la mitad de la leche del país.

Tiene razón la ministra al reprochar al sector su deficiente organización. Los productores son muchos, están dispersos por Galicia y deben organizarse para que su voz se escuche en los foros donde se toman las decisiones que les afectan. No están bien representados y asesorados por los políticos y por unos sindicatos anquilosados que, primero pidieron la supresión de las cuotas y, tras su desaparición, piden la intervención de los precios como única solución.

Esa intervención no la permite el mercado, que tiene sus leyes. Ahora bien, las leyes deben interpretarlas los inteligentes y, en este sentido, los gobiernos de todos los países, también el español, las circunvalan para ayudar a sectores en dificultades. Los ganaderos ponen el ejemplo de Francia donde detrás del precio razonable de la leche está la mano discreta del Gobierno que sabe “torear” a Bruselas. ¿Por qué España no copia el modelo francés?
El presidente del Gobierno se percató de la agonía de un sector estratégico de la economía gallega –genera empleo, incrementa el PIB y vertebra el agro gallego–, y dice que hay que forzar un acuerdo entre productores, industria y distribución porque “el precio que se paga por la leche es injusto”.

Esas manifestaciones las hizo el presidente en su visita a las obras del AVE que garantiza llegará a Galicia en 2018 y ojalá se cumpla ese plazo. Pero si no escuchan el clamor del sector agrícola la alta velocidad servirá para que los ganaderos lleguen más rápido a la emigración, su destino obligado, porque “si esto segue así, fixo que pecharei”, decía uno de ellos. Él y todos los que entregan la leche sin cubrir costes de producción pecharán para emigrar.

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