Miedo o realismo

Aquí andamos ya desde hace un cierto tiempo tratando de establecer no sólo lo que habrá de suceder en las elecciones generales de dentro de veinte semanas, sino incluso oteando combinaciones de gobierno que podrían darse en base a unos hipotéticos repartos de escaños. Pero por especular que no quede.

Quienes andan metidos en esta movida se basan en las tendencias que vienen marcando  las encuestas. Unas y otras dan hoy por hoy una victoria –cada vez menos ajustada– del Partido Popular, una cierta salida del pozo por parte del PSOE, un estancamiento de Ciudadanos y una caída notoria de Podemos, que en apenas seis meses habría perdido un tercio de sus votantes.

También hay coincidencia generalizada en que en el caso de que el PP no obtuviera la mayoría suficiente para gobernar volverían a reproducirse los pactos entre perdedores que marcaron el tiempo postelectoral último. Hasta el momento siempre se ha hecho cargo del Gobierno de la nación el partido ganador de las generales. Pero todo uso, costumbre o tradición tiene su fin. Y esta lo tendrá si los números dan para ello.

Los socialistas están satisfechos con la experiencia de las pasadas elecciones: aun habiendo perdido 700.000 votos y cosechado el peor resultado de su historia reciente, han ganado poder y presencia territorial. Echar al PP del Gobierno y de las instituciones sigue siendo su gran objetivo. Y para ello se aliarán, si pueden, con quien sea y diga lo que diga. Credibilidad en contrario no tienen ninguna.

El Partido Popular, por su parte, mantiene con cierta razón la esperanza de recuperar al electorado que el pasado 24-M se quedó en casa y, sobre todo, al que se le fue a Ciudadanos pensando que en él iba a encontrar la meca de la regeneración democrática. Pero este sector está muy decepcionado con el trato recibido por el partido de Albert Rivera: prepotente y exigente  con el PP y mucho más condescendiente y mansurrón con el Partido Socialista.

Sea como fuere, a Gobierno, PP y mundo empresarial parece preocuparle especialmente el eventual pacto PSOE-Podemos. Por eso llevan algún tiempo alertando desde todos los frentes sobre los efectos económicos de esta combinación. ¿Apelación sin más al voto del miedo?  Muchos prefieren hablar de dosis de realismo.

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