Las agendas

Organizar la agenda de un cargo político con muchas responsabilidades públicas es francamente complicado. El trabajo de tres agendas para la misma persona debe ser un infierno. Me imagino al jefe de gabinete o la secretaria de Jorge Fernández Díaz preguntándole: ¿Señor ministro, la visita de la presidiaria Isabel Pantoja en qué agenda se la incluyo? ¿En la pública, en la privada o en la particular? Porque si algo quedó claro en la comparecencia del responsable de Interior sobre el caso Rato es que vive regulado por tres férreas agendas. Un disparate propio de Mortadelo y Filemón que demuestra, una vez más, la admirable manera que el Gobierno de Mariano Rajoy tiene de entender la «transparencia».

Forma parte de lo privado recibir en el Ministerio a un exvicepresidente encausado por cinco delitos fiscales, blanqueo de capitales y alzamiento de bienes. Se incluye en lo público acudir a una misa de beatificación de unas monjitas o a entregar unas limosnas en un asilo de ancianos. En lo particular está la llamada al Presidente del Gobierno, para informarle de las cuestiones de seguridad del amigo común, tan preocupado por cuanto dicen unos cuantos twitter, no leídos por él, sobre sus públicas andanzas económicas y judiciales. Sabido esto, tiemblo ante la posible esquizofrenia, que se debe vivir en el todopoderoso Ministerio del Interior, o ante la posible incertidumbre de un ministro con presuntos síntomas de bipolaridad. Perdón, tripolaridad.

La reunión entre el ministro y Rato se incluyó «con luz y taquígrafos» en la agenda privada, por tanto, secreta. Semejante falacia, en boca de un católico de confesión y comunión semanal, es un «ejercicio de transparencia» y no un trato de favor a un presunto delincuente de guante blanco. Tanta luz eléctrica había en el despacho, que no fue necesario abrir las cortinas de las ventanas. Y tan presentes estaban los espíritus de los taquígrafos muertos, que evitaron la presencia de la prensa viva. en todo este entramado de Pepe Gotera y Otilio, hemos descubierto que «transparencia» y «publicidad» no son la misma cosa. La transparencia es invisible y la publicidad se circunscribe solo a la propaganda. Seguimos avanzando en la «regeneración democrática». Digo yo.

Y en ese ejercicio de transparencia intangible hemos sabido que, once años después de haber dejado los ministerios de Aznar, el indefenso y vulnerable Rodrigo dispone de escoltas con cargo a los presupuestos del Estado. Otro dislate diseñado por el inspector Gadget sobre el que toma decisiones personalmente el ministro. ¿Bajo esa mente y estas manos está la seguridad del país? ¿Alguien puede extrañarse, por tanto, de que La Ley mordaza haya salido de ese mismo despacho? No. Ni siquiera de que en la agenda de Rajoy no figure el cese de Díaz.

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