El conflicto de Salou

Toda muerte violenta o en extrañas circunstancias es una tragedia y debe ser investigada y depuradas las responsabilidades, pero no se puede consentir que una masa de ciudadanos extranjeros, en su mayoría con estancia ilegal en el país, quebrante de modo violento la vida de una ciudad, se enfrenten a las fuerzas de seguridad e incurran en lo que el Código Penal señala como “delito de estragos” al interrumpir el tráfico ferroviario y producir daños en su infraestructura. Espero que la fiscalía de Salou proceda en consecuencia. De momento, los violentos africanos han impuesto su voluntad y sólo abandonaron  la violenta coacción al ser dejados en libertad sus compatriotas detenidos por atacar a los MossosD´esquadra.

Senegal fue colonia de Francia, pero los ciudadanos procedentes de este país tienen preferencia por vivir en España, donde son mejor tratados que en la antigua metrópoli. Y aquí viven de lo que pueden; es decir, la venta de réplicas y productos falsificados de todo tipo, procedente de China. El asunto no es de fácil solución. Por un lado, es mejor que se ganen la vida sin delinquir abiertamente; pero de otro, la venta de productos falsificados es un delito indirecto que quebranta otra serie de normas.
Por lo general, estos manteros no han creado grandes problemas, pero de un tiempo a esta parte protagonizan la crónica violenta, se han enfrentado en Baleares a turistas de otros países, pero en toda la cuenca mediterránea lo han hecho contra la policía, co  acciones similares a las de Salou.

Las escenas que hemos visto en televisión hablan por sí solas, pero que sean capaces de poner en fuga a su propio cónsul y al alcalde de la ciudad, evidencia el punto de violencia que se ha ejercitado. De momento, impunemente.

Los senegaleses se han impuesto a las autoridades ante le permisividad de los responsables de la seguridad de todos, que deberían haber atajado sin equívocos esta violencia y detener con cargos a los agitadores. Mañana puede repetirse. La comunidad senegalesa está envalentonada y es un mal ejemplo para otros.
En ese sentido, resulta vergonzosa la forma en que, salvo excepciones, han enfocado este asunto las televisiones, dando por buena la versión de los revoltosos y cargando la responsabilidad de lo ocurrido en las fuerzas de seguridad. Lo ocurrido es penoso y lamentable. Dejando aparte que el fallecido era ya conocido por los MossosD´Esquadra, lo cierto es que los operativos como éste contra la venta ilegal se desarrolla con un protocolo ordinario para capturar a los interesados y las pruebas pertinentes.

Hay que dirimir, por tanto, dos responsabilidades: aclarar las circunstancias de la muerte del vendedor fallecido y tomar las medidas adecuadas frente a la masa de violentos que, cuando menos, debería ser expurgada y devueltos a su país sin más quienes han tomado el control de una ciudad donde habían sido acogidos.
Pero como esto no se hará, quedaremos preparados para la próxima.

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