De colores

La autovía Santiago-Ourense tiene fama de ser la más cara de la Unión Europea. Pero además de esa particularidad, presenta otras dos más. Una, ser de pago en el cincuenta por ciento de su recorrido y gratuita en el resto. La otra, el juego de colores que complementaba las dos particularidades anteriores. Esto es, una nueva Santísima Trinidad de la ordenación del territorio. Tres visiones distintas y un solo camino verdadero.

¿A qué me refiero con el juego de colores? Sencillamente a otro aspecto más de la semiótica política. El primer trayecto de esta vía gallega, Compostela- Lalín, se trazó y abrió durante los gobiernos de Manuel Fraga, esto es, bajo el glorioso imperio del PP. Unos sesenta kilómetros construidos con dinero público que explota una empresa concesionaria. Pura filosofía público-privada del pensamiento conservador. Un pensamiento de color azul, traducido en mensajes azules. En definitiva una autovía azul. ¿Por qué? Pues sencillamente porque todos los pasos elevados, todos los viaductos y todos los puentes que se precien fueron correctamente pintados de azul. Es azul y pagas. Normal, ¿no?

Sin embargo la “anormalidad” se produjo en el resto del trazado, de Lalín a la capital de la ourensanía. Obra del breve Gobierno bipartito de izquierdas, presidido por Emilio Pérez Touriño. Todos los pasos elevados, viaductos y puentes que se precien fueron pintados de rojo y el trayecto se declaró libre de peaje. Rojo gratuito, naturalmente, como corresponde a la filosofía solidaria, de igualdad y socialdemócrata del PSOE. De este modo la AP-53 emite dos mensajes políticos distintos a quien circula por ella. Una emisión que se está viendo interrumpida.

Sin embargo, no vaya usted a pensar que este juego de los colores para inf luir subliminalmente en la ciudadanía es algo nuevo. La Santa Madre Iglesia y otras religiones ya lo pusieron en práctica hace muchos siglos. ¿Se ha percatado usted de que las casullas de los oficiantes de las misas cambian de color según el calendario religioso o a qué se dedica la ceremonia? A ningún sacerdote se le ocurre utilizar una casulla morada o negra, propias de difuntos, el día de Navidad cuando debe ir con otra blanca, por poner un ejem- plo. Los mensajes de colores circulan por nuestras vidas desde el principio de los tiempos.

Por esta circunstancia, ahora que gobierna el PP de Feijóo y toca repintar la Autopista Central de Galicia, todos los elementos rojos están siendo cambiados al azul. Una evidente buena idea semiótica política en este tiempo preelectoral. No obstante, el temor de los usuarios af lora al ver el cambio y se hace la pregunta lógica frente al azul: ¿Pagaremos también de Lalín a Ourense?

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