¿Más moderación salarial?

La semana pasada, al tiempo que el Banco de España difundía la buena noticia del «elevado dinamismo» del consumo en el segundo trimestre que confirma que la mejora de la economía empieza a llegar a la población, aparecieron de nuevo los técnicos del Fondo Monetario Internacional para recomendar a España que garantice «las condiciones para continuar con la moderación salarial».

¿Cabe más moderación? Según el Instituto Nacional de Estadística los salarios siguen cayendo. El año pasado el sueldo medio en España fue de 22.605 euros y en Galicia 19.854, la tercera cifra más baja del Estado. Pero estas cifras son pura estadística porque, según el mismo INE, el sueldo más habitual en España asciende a 15.500 euros brutos al año y son legión los trabajadores que curran por el salario mínimo y por menos dada la precariedad salarial instalada en el mercado laboral, que vino para quedarse una larga temporada.

Por tanto, hay poco margen para la moderación de los sueldos de la mayoría de los trabajadores. Pero si hablamos de otros, la regla tiene su excepción. El mismo día que el FMI recomendaba contención salarial fue noticia de alcance que el presidente de Iberdrola ganó 7,9 millones de euros en el primer semestre del año por el desempeño de sus funciones ejecutivas, cumplimiento de objetivos y por la presidencia del Consejo de Administración de la Compañía. Por esos mismos días también se supo que el ex número dos del segundo banco del país cesado en mayo de su cargo percibirá una renta vitalicia de 1,79 millones al año, un despido rentable a los 54 años, además del fondo de pensiones que acumula 26 millones.

Líbreme Dios de cuestionar la legalidad de estas retribuciones que cuentan con la aprobación de los accionistas, dueños de esas empresas, y seguramente merecen la valía profesional y la contribución de ambos dirigentes a los resultados de las respectivas compañías. Pero sí cabe preguntar si es tanta la diferencia entre la capacidad y responsabilidad de estas «testas» directivas y las cabezas humildes de los empleados medios y de base, que también piensan y producen, como abismal es el nivel retributivo de unos y otros.

Las cifras son tan galácticas y mareantes como difícilmente digeribles en un país que sube los salarios de los funcionarios un 1 por cien, las pensiones un 0,25 por cien y en el que hay tantos empleos -también en esas compañías- que no dan para abandonar la pobreza.

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