Los bandos del alcalde

Rescato de una estantería los Bandos del Alcalde, un opúsculo que reúne 17 proclamas publicadas entre 1979 y 1985 en las que Enrique Tierno, utilizando los recursos del idioma «de todos los tiempos», comparte con los madrileños las preocupaciones que le embargan como regidor de la Villa. Pasaron muchos años desde la publicación de lo que Lázaro Carreter llama «risueñas prosas serias, docentes y didácticos», pero sigue siendo una delicia leer fuera del tiempo y la ocasión en que se escribieron estos Bandos con los que el Alcalde llama al orden a los vecinos para que reflexiones y recapaciten sobre los problemas de la vida diaria en la ciudad. La suciedad de calles y plazas, el desorden de la circulación rodada, los estacionamientos indebidos y la actuación de la Grúa, los ruidos evitables y la falta de respeto mutuo que daña la convivencia ocupan a unas pragmáticas. En otras les invita a participar en las «grandes y sonadas fiestas» bajo la advocación del Santo patrono de la Villa», en el día de la Constitución o en las celebraciones de la Navidad; y en vísperas de acontecimientos importantes, como el mundial de fútbol y FITUR, recomienda a los vecinos dar una buena acogida «a los muchos visitantes».

Nada quedó fuera de estos Bandos que son un tratado de «civismo y de urbanidad» que persuaden, exhortan y amonestan a los vecinos para que mantengan su compostura y buenas maneras respetando las normas de convivencia ciudadana, que no debe ser empañada por «testimonios de rencor, vituperio o recordación importuna de remotos males y querellas». Una llamada a pasar página al pasado de confrontación, siguiendo el espíritu reconciliador de la Transición.

Comparar los modales que rezuman estos Bandos con las maneras de algunos alcaldes y concejales que están ahora al frente de ciudades y poblaciones más pequeñas resulta desolador. El Alcalde Tierno gobierna para todos y su talante, respetuoso y conciliador, contrasta con la crispación, el sectarismo, el afán revisionista y la arrogancia que muestran esos recién llegados que se presentan como «descubridores» de la democracia y portadores únicos de soluciones milagrosas para los problemas del país.

Tienen legitimidad para gobernar y merecen cien días de gracia, pero les vendrá bien leer los bandos afables y cordiales del Alcalde Tierno. Aprenderán el arte del buen gobierno sustentado por la concordia, que es el fundamento de la convivencia.

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