Cambios de cartel

De hacer caso a los respectivos periódicos de referencia, la elección de Xavier García Albiol como cabeza de cartel del Partido Popular para las autonómicas catalanas de septiembre ha enfadado más a la izquierda que al nacionalismo menos radical.

Para la primera, el polémico ex alcalde de Badalona es un agitador extremista y xenófobo. Para el segundo, se trata de un cambio de registro por parte del PP; de una apuesta por el sector más firme, claro o, si se quiere- duro del partido para intentar recuperar los miles de votos que se le han ido a Ciudadanos o que se han refugiado en la abstención. La izquierda no le concede ni el pan ni la sal. El nacionalismo le reconoce al menos anteriores éxitos electorales y una buena gestión municipal en la que es tercera ciudad de Cataluña.

No habrá que olvidar que en las elecciones locales últimas ganó en 30 de los 34 barrios de Badalona, aunque luego, y a pesar de haber doblado en número de concejales al segundo partido en liza, el clásico y funesto pacto postelectoral entre perdedores le apeara del poder.

Albiol contará como número dos con Andrea Levy, una mujer de talante más moderado, pero no menos firme, aupada recientemente a una de las altas vicesecretarías de la dirección nacional. Según primeras impresiones de los expertos en demoscopia, se trata de un tándem hombre/mujer que puede funcionar bien. Pero desde otros puntos de vista se trata sobre todo de una muestra más del cambio de caras, talantes y discurso que se está produciendo en el PP no sólo a escala nacional, sino también a nivel regional.

La designación de Isabel Bonig para rearmar al PP valenciano parece responder a las mismas claves. Son jóvenes valores que no rehúyen el debate o la confrontación política y con un discurso más batallador y menos blandengue ante la izquierda que el equilibrismo practicado por sus antecesores. Algo que –creo- venía echando en falta buena parte del electorado natural del Partido Popular.

Cataluña no ha venido siendo terreno fácil para el PP. Pero últimamente se le había convertido en tierra hostil, especialmente tras el recurso contra el Estatuto de 2006 que terminó desmontando jurídicamente el Tribunal Constitucional. Pero entre la conllevancia con el nacionalismo y el discurso sin medias tintas ni apaciguamientos tácticos, el partido ha optado por esta segunda alternativa, que, al menos, hasta ahora en Cataluña le ha dado mejores resultados.

Albiol asume el tal vez mayor reto político de su carrera. La batalla por el centro derecha catalán entre el PP, Ciudadanos y, en menor medida, la Unió Democrática de Duran Lleida se presenta interesante.

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