Sin cargas

Indignación. Es lo que ha provocado un anuncio publicado por una empresa para contratar una peluquera, “sin cargas familiares presentes y futuras” rezaba la publicidad y el anunciante se quedó tan ancho. De hecho, al parecer ni siquiera entendían los responsables por qué se había montado tanto revuelo.

Lo de “cargas familiares” es, desde luego, una expresión poco afortunada para referirse a los hijos menores que tenemos. Además de los aspectos emocionales obvios, los hijos son la garantía de nuestra supervivencia y, desde el punto de vista economicista, son ellos los que garantizan nuestras jubilaciones. Son también ellos los que pueden impedir el lento y seguro envejecimiento de nuestra población.

Llevamos décadas anunciando el peligro que supone la constante caída de la natalidad, son más los que se van de este mundo que los que llegan y así no salen las cuentas.

La frase del anuncio tiene enjundia porque no sólo indica que la empresa no contratará a una madre, sino que tampoco le vale una mujer que pretenda serlo en el futuro. ¿Qué espera?, ¿que se le presente un certificado de infertilidad? O tal vez quiera incluir en el contrato laboral una clausula de no maternidad?

No es mi intención lapidar al empresario/a que tuvo la brillante ocurrencia. Al fin y al cabo esto es sólo el reflejo de una idea que está en las entrañas del sistema: la maternidad es un incordio para la vida laboral, la maternidad es incompatible con el trabajo. Por ello es impensable el mismo anuncio en masculino. ¿Qué importancia tiene que el peluquero tenga un hijo o diez?, ¿en qué afectaría ello a su trabajo?
El anuncio ha sido denunciado como publicidad sexista. Bien. Pero no debemos quedarnos ahí. Son necesarios mecanismos fiscales y laborales que permitan revertir la situación de penalización que asumen las mujeres por ser madres. La maternidad no puede ser un castigo; al contrario, debería ser un premio en una sociedad envejecida, con una pirámide demográfica al revés.

Hace unos días cientos de especialistas se reunieron en Santiago para analizar las temidas consecuencias de la crisis de natalidad. El titular pone los pelos de punta: Galicia perderá un millón de habitantes en el 2050. Por ello es indignante el dichoso anuncio, porque parece que vamos a contra corriente, porque da la impresión de que no existe ni la más mínima conciencia ni sensibilidad en cuanto a que, por una parte, es imprescindible elevar la natalidad y, por la otra, que es igual de prioritario incorporar a la mujer al mercado laboral. El desafío para todos es buscar la fórmula que garantice -sin tener que recurrir a instrumentos coercitivos- que a un empresario ni se le ocurra en el futuro poner un tal anuncio.

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