Simpre en campaña

Apenas había transcurrido un minuto cuando ya Pedro Sánchez sacó la relucir en su intervención la “infame reunión” del ministro del Interior con Rodrigo Rato. No tardaron tampoco mucho en aparecer referencias a Bárcenas, Granados, la Gürtel y la operación Púnica. El secretario general del PSOE estaba defendiendo la enmienda a la totalidad presentada por su grupo al proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el año que viene. Hablaba de todo, menos de las cuentas públicas.

En puridad parlamentaria, su discurso debía constituir la réplica a la intervención anterior del ministro Montoro. Pero Sánchez obvió en todo momento al titular de Hacienda y personalizó en el presidente del Gobierno la ofensiva dialéctica. Hasta noventa veces repitió la muletilla del “usted, señor Rajoy”, al que en tres o cuatro ocasiones calificó de “irresponsable” y al que en una exposición casi apocalíptica culpó de todos los males habidos y por haber.

La verdad es que no pudo elegir peor momento para proclamar eso de que “usted, señor Rajoy, es el peligro para la economía española”. Porque lo dijo así cuando consumo e inversión han disparado el crecimiento del PIB al 3,1% interanual –el mayor registrado desde que comenzó la crisis– y cuando otra serie de indicadores apuntan a que, en efecto, la recuperación económica se consolida.

Con una oratoria menos solemne, pero más eficaz y realista, en la contestación subsiguiente el ministro Montoro le dio un buen repaso. Fácil lo tenía. Porque el titular de Hacienda no tuvo que remontarse mucho en el tiempo ni en la memoria para recordarle al máximo dirigente socialista cómo el Gobierno de su correligionario Rodríguez Zapatero había dilapidado lo que con tanto esfuerzo había conseguido la economía española, despilfarrado en toda una serie de ocurrencias el dinero ahorrado y malgastado lo que no teníamos.

Verdad es también que la intervención de Pedro Sánchez tuvo poco de novedosa. En realidad fue un corta y pega de comparecencias anteriores, como la habida con ocasión del debate sobre el estado de la nación. Y es que el Partido Socialista con su secretario general a la cabeza lleva tiempo metido en campaña haciendo una oposición montaraz y desaforada donde parece que la escandalera interesa más que el tratamiento sereno y constructivo de los problemas colectivos.

Véase, si no, lo poco que le importan los revolcones judiciales que uno tras otro recibe, como el propinado a propósito de la denuncia de la reunión Fernández Díaz-Rato. PSOE y Sánchez siguen a lo suyo: a la bronca y a la foto periodística corriendo a los tribunales. Dudo que estas maneras y formas de hacer oposición le den el rédito electoral que con ellas parece buscar. Pero, en fin, ese es su problema.

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