De cementerio a almacén

No es nada sorprendente que a los cementerios nucleares ahora se les denominen ATC, las iniciales del sucedáneo Almacén Temporal Centralizado. Resulta más técnico y sicológicamente menos impactante. Tampoco tiene nada de novedoso que, al miedo hacia la producción de energía nuclear, el ministro José Manuel Soria le contraponga el terror a la subida de la factura de la luz. Es la bandera de los aprovechados muñidores de la crisis económica. La mayoría de los ciudadanos españoles tendrán así que optar entre el miedo de su cartera o el miedo de unos miles de ciudadanos a convivir eternamente con residuos malignos. La actitud del ministro de Industria, Energía y Turismo es francamente perversa. Digna de una manipulación rasputiniana.

Quedan lejos, pero firmes en la memoria, las luchas de Galicia contra la utilización de la Fosa Atlántica, donde sin pudor se arrojaban los desechos nucleares de media Europa y a donde Rajoy y los suyos llevaron al malherido Prestige décadas después. Y, en aquellos momentos, muchos nos preguntamos: ¿si nuestras costas no se libraron del chapapote del petrolero griego, quién nos garantiza que no estemos sufriendo algún tipo de contaminación nuclear en la actualidad como consecuencia de aquellos vertidos radioactivos? La prevención de quienes se oponen en Castilla-La Mancha a la creación del Cementerio Nuclear, ahora ATC, es muy comprensible y solidaria desde este otro rincón del norte.

La perversión del ministro Soria, futuro miembro de algún consejo de administración de una compañía eléctrica, muestra una vez más la más absoluta falta de respeto a los administrados. Antepone la cuenta de resultados de la industria energética a la salud de los españoles. Y miente o falta a la verdad con su amenaza de subir el recibo de la luz un 30% si no se construye el cementerio. Los 900 millones de euros que supondrá esa inversión, los millones que suponen su administración y mantenimiento, las indemnizaciones que deberán abonar al ayuntamiento, agricultura y ganadería de Villar de Cañas, la especulación urbanística y territorial que generará la instalación… ¿cuánto representa en la factura de la electricidad para los hogares españoles? ¿O lo paga todo el Estado?

Y además, poniendo de manifiesto la perversión del ministro Soria, están las dudas de los técnicos internacionales, del Consejo de Seguridad Nacional, los posibles datos falsos empleados en la elaboración del proyecto, el abandono por parte del PP de las políticas de fomento de las energías renovables, limpias y no contaminantes… También en este ministerio hemos regresado al pasado: Mariano, nucleares no.

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