Un castigo excesivo

El Deportivo de La Coruña acaba de batir un record al fichar al jugador Julio Rey y rescindir horas más tarde el contrato porque consideró ofensivo para la entidad blanquiazul y para la ciudad un tuit publicado hace tres años por ese joven futbolista arousano que pidió perdón y mil disculpas por aquella acción.

Desconozco la valía de este jugador y, por tanto, no sé si la decisión del Depor de prescindir de él es acertada deportivamente. Pero desde el punto de vista laboral y disciplinario parece desmesurado el castigo a este muchacho por escribir en octubre de 2012, cuando tenía 17 años, “puta Depor, puta Riazor”, palabras que se escuchan en Balaidos cada domingo -y a la recíproca en Riazor- sin que atenten “contra el Depor, sus colores, su escudo y los valores que la institución representa”, como dice la nota del Club.

Deberían darle una vuelta. Porque si estas palabras de mal gusto merecen el despido del jugador, ¿qué castigo habría que imponer a los tuits de alcaldes, concejales y otros políticos que vierten en la red una sarta de improperios e insultos a otros cargos públicos que exceden la mala educación y entran de lleno en el ámbito del delito? Estos tuits sí que llevan todo el veneno del mundo, incitan al desprecio y al odio y los autores siguen en sus puestos.

Al hilo de la chiquillada de Julio Rey es oportuna y pertinente una segunda reflexión acerca de la necesidad de introducir en la educación una unidad didáctica sobre el uso de las redes sociales. Este futbolista y sus colegas integran la generación de la red y les hemos entregado unas armas muy potentes “susceptibles de usos alternativos” que ellos manejan con gran maestría, pero a veces no saben utilizar como dicta la razón.

Por eso, además de prohibir el uso de los móviles en las clases y reprender a los escolares cuando los manejan indebidamente, los padres y colegios deberían darles unas “instrucciones básicas” sobre cómo deben ser utilizadas las redes sociales, qué riesgos entrañan y qué consecuencias se pueden derivar de su mal uso.

Es lo que James W. Botkin llama “aprendizaje innovador” que, en contraposición al aprendizaje de mantenimiento, enseña a hacer frente a las nuevas situaciones que va deparando la vida. Como esta que generan las tecnologías que muchos jóvenes y adultos utilizan expresándose en 140 caracteres sin ser conscientes de que lo escrito en la red queda registrado y se puede volver contra ellos.

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