Tsipras y Mas

​El mismo día en que Estados Unidos y Cuba recomponían sus relaciones diplomáticas después de 54 años de ruptura, Televisión Española abría su telediario de mediodía con la información de que el ex entrenador del Barça Pep Guardiola cerraría la lista unitaria independentista para las elecciones de septiembre en Cataluña.

Daba igual que se tratara en el primero de los casos de un “acontecimiento histórico” y que el hoy técnico del Bayern alemán no hubiera sorprendido a nadie, pues “nunca había escondido su apuesta por el proceso soberanista”. Así al menos lo consideraba la propia cadena pública. Pero, como digo, daba igual: Cataluña tuvo preferencia. Lo que muy pocas horas después iba a suceder al otro lado del Atlántico no pasó del sexto puesto en la escaleta del informativo en cuestión. ¡Misterio de las valoraciones televisivas!

A decir verdad, no suele ser sólo TVE quien peca repetidamente de magnificar todo lo que al curso independentista en aquella comunidad se refiere, aunque no suponga novedad alguna y se trate sólo de un episodio más en la matraca de tantos años.

Días antes, Artur Mas era recibido en audiencia por el rey. Y ante la falta de información sobre contenido y ambiente político del encuentro, a los medios les sirvió una frase –cinco palabras- del mandatario catalán para, sin mayores análisis, ofrecer un enorme despliegue fotográfico al efecto y abrir con ello primeras páginas, boletines radiofónicos, telediarios y tertulias todas. Allá y aquí.

“Vengo en son de paz”, dijo el presidente Mas en un comentario aparentemente jocoso antes de comenzar la audiencia real. Pero con eso solo ya había logrado acaparar portadas, que es lo que sistemáticamente busca. Y lo que tan gratuitamente se le concede. La verdad es que tan en son de paz no llegaba. Porque lo hacía para presentar su hoja de ruta independentista, que viene a ser un golpe si no de Estado, sí contra el Estado. La larga duración de la entrevista dio lugar a pensar que no hablaron de asuntos menores, como el presidente cántabro, Miguel Angel Revilla, –todo un peligro suelto- ha revelado.

Aficionado como es a los símiles ferroviarios, ya de vuelta a su patria chica Mas no habló de choque de trenes, pero sí advirtió de que, si la secesión fracasa, Cataluña entraría en “vía muerta”. En realidad, no serán los electores quienes así eventualmente lo hagan. Serán él y sus variopintos socios quienes habrán metido a la comunidad en tal callejón sin salida. Serán ellos quienes habrán echado a sus gentes contra las instituciones convocando unas elecciones plebiscitarias que tanto recuerdan al referéndum de Tsipras. Un referéndum sobre un imposible: en este caso, la independencia. El griego ya reculó. El catalán habrá de hacerlo no tardando.

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