Símbolos del despilfarro

En política, hay promesas pertinentes que responden a la necesidad de subsanar carencias y solucionar problemas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Pero otras, concebidas en el fragor de una campaña electoral, son auténticos disparates, están fuera de la realidad, igual que ocurre con algunos proyectos nacidos al amparo de las mayorías absolutas de los gobiernos.

Lo malo de muchas de estas promesas y proyectos descabellados es que acaban cumpliéndose. El último caso es el aeropuerto de Ciudad Real que costó 450 millones y fue adquirido por el testaferro de un inversor chino por 10.000 euros. Hace cuatro años en esta misma comunidad dejó de circular el AVE manchego que unía Toledo con Cuenca y Albacete, había costado 2.500 millones y transportaba una media de nueve viajeros. Son dos ejemplos de derroche causados por el comportamiento irresponsable de los mandatarios de esta comunidad, uno de los cuales aún se pasea por España dando lecciones de gestión pública.

Pero estas cosas no ocurrieron solo en Castilla-La Mancha. Por la geografía española hay más aeropuertos sin aviones, pabellones deportivos destinados a almacén, palacios de congresos sin congresistas, piscinas donde no hay bañistas, pistas de esquí en los páramos de Castilla, autopistas sin tráfico, ciudades de las artes y de la cultura…

En Galicia también tenemos nuestro cupo de símbolos del despilfarro concebidos en años de excesos que rebañan más del presupuesto de lo que aportan a la cultura y economía del país. Aquellas actuaciones también acentuaron la deriva localista cuyo paradigma es  la gestión de los tres aeropuertos, descoordinados y en feroz competencia, un ejemplo de libro de canibalismo empresarial

También en España fue determinante la carrera localista de los municipios y autonomías para tener más “contenedores” que el vecino, sin pensar que la mayoría de las infraestructuras, sean de ocio, culturales o de transporte, ni eran necesarias, ni una vez hechas aportaron más calidad de vida a la población y ahora su coste de mantenimiento es insoportable.

Muchos problemas económicos provienen de la locura de tanto derroche en obras faraónicas, que también fueron la vía para el enriquecimiento rápido e ilícito de muchos, y una de las causas de la corrupción que tanto esquilmó al país. Aunque seguimos mirando para otro lado y echando la culpa de todo a la crisis que vino de fuera.

 

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