El extraño ceremonial del alcalde de Santiago el 25 de julio

Martiño Noriega pasará a la historia por ser el primer alcalde de Santiago de los tiempos modernos que deja de asistir a la Ofrenda Nacional al Apóstol Santiago, que se celebra desde 1643. Pero no creo que haya sido el primer edil máximo que lo hace, pues tampoco concurrían durante la II República en que dejó de celebrarse esta ceremonia.  Conviene recordar que el llamado “Voto a Santiago” fue suprimido, y con él todos sus privilegios por las Cortes de Cádiz en 1812; pero fue restituido por el régimen del general Franco con todos sus elementos simbólicos.

Lo realmente extraño de todo lo ocurrido este 25 de julio en  Santiago, es la propia actitud del alcalde de Compostela entrando y saliendo del ceremonial tradicional, cuando todo es un todo. Me explicaré. La ofrenda es un acto tradicional, sociocultural, pero evidentemente religioso. El Rey o el oferente que lo representa acuden a Santiago por causa del acto mismo. Por lo tanto, la ceremonia no tiene otros ribetes que lo que en sí misma significa.

Si el alcalde no quiere asistir, ¿a qué viene que aparezca y desaparezca? Yo entiendo que, como se hizo siempre, baja de su despacho para saludar a las autoridades civiles y militares; pero se inviste con los atributos de su cargo, medalla y bastón; es decir, se suma institucionalmente a la parte previa del acto, que no una secuencia civil, sino la parte previa del resto. Luego se va al despacho, no asiste a la ofrenda, y finalmente recibe a la comitiva y delegado regio para que firme en el libro de honor del Ayuntamiento, donde se registran las visitas ilustres.

Parece razonable que en coherencia con su pensamiento, el alcalde de Santiago no debería comparecer para nada en los actos oficiales del 25 de julio, o desarrollar los suyos propios. El propio Martiño reconoce que sociológicamente, si representa a todos los santiagueses, debería tener en cuenta a los ciudadanos que por convencimiento o tradición quisieran que participara en todas la ceremonia. Si  no le gusta el formato del acto, ¿a qué viene tomar parte en alguno de los tempos del mismo? Si estaría más cómodo con sus camaradas en la manifestación nacionalista, ¿por qué no lo hizo?

La verdad es que todo ha sido extraño e innecesariamente complicado. Por cierto, que en las redes sociales donde se ha comentado todo esto, algunos dicen que, dado que la gorra con que habitualmente se toca forma parte visible de su personalidad –y que cubre su prominente calva- no debería privarse de encasquetárselo como acostumbra incluso bajo cubierto.

Por cierto que luego se fue con la gorra al almuerzo con los manifestantes de su cuerda. Mira tú por donde, esta gorra que recuerda la que usaban los estibadores del puerto de Nueva York (y que Elia Kazán inmortalizó) se ha convertido en un elemento definidor de cuando el alcalde se muestra en su libérrima naturalidad y cuando, forzado por la cortesía, ha de ataviarse con medallas y bastones….

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