El divertido baile de los nombres de las calles

En Funchal, capital de Madeira, hay una plaza que lleva el nombre de Francisco Franco. Pero con ese peculiar sentido del humor de los portugueses, la placa añade un paréntesis debajo del nombre donde dice “O escultor”. Está claro. Ahora que se vuelve a hablar del baile de nombres de las calles de Madrid (al final no está claro si las quieren cambiar o no), cabe recordar aquello que decía Julio Camba, en el sentido de que en las placas de deberían poner los nombres de los próceres con apellidos intercambiables; es decir, si ponía “Calle del glorioso general Fernández” y cambiaban las tornas bastaba con modificar el adjetivo y dejar “calle del odioso general Fernández”.

Las calles de Madrid están llenas de espadones del siglo XIX y de políticos conservadores o cosa peor, como Bravo Murillo, quien decía “No queremos hombres que piensen, sino bueyes que trabajen”.

El PSOE, el de la Memoria Histórica, llenó España de las llamadas “Farolas fernandinas”, un modelo que lleva grabado el escudo del más abyecto de los borbones, Fernando VII, y se quedó tan tranquilo.

Una de las más importantes bases del ejército español lleva el nombre de Alfonso XIII, que fue declarado traidor por las Cortes de la República y al que se considera responsable del desastre de Annual, como animador de sus generales, sin olvidar que este rey fue el encargado de pedir a Mussolini los aviones con que Franco bombardeó las ciudad no conquistadas, especialmente Madrid y Barcelona.

En Galicia, la base de la Brigada Aerotransportable lleva el nombre del traidor Morillo, que volvió contra la nación las armas que le fueron dadas para la defensa de la Constitución y se pasó a los 100.000 hijos de San Luis para reponer al rey absoluto.

En esto de quitar y poner nos damos maña: En Andalucía se han quitado calles dedicadas a Cervantes para adjudicárselas a Lenin. En Cáceres llegaron a retirar un escudo de los Reyes Católicos al confundirlo con el del Estado Nacional de Franco, pese a sus diferencias, y en Bailén estuvo a punto de perecer el monumento al 19 de julio, fecha de la batalla porque lo relacionaron con la guerra civil.

En Toledo se pretendió limar el yugo y las flechas del “tanto monta, monta tanto” de los Reyes Católicos, “como símbolo de la Falange”, episodio repetido en otros lugares de España con emblemas que llevaban más de 500 años en su sitio.

Así que no nos extrañe el baile del nombre de las calles. Es un fenómeno cíclico.

Podríamos dejar de poner nombres, como los norteamericanos, y dejar sólo números. Los romanos bautizaban las vías, pero no numeraban las casas, que eran conocidas por el nombre del paterfamilia.
Recuperar los nombres tradicionales, especialmente en Galicia, no me parece mal o los originales que fueron cambiados por razones políticas, aunque a decir verdad, pese a los cambios, no todos prendieron en el habla cotidiana. Pero nunca estos cambios deberían tener sentido de revancha.

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