Europa, a pesar de todo, merece la pena

La crisis de Grecia ha devuelto la mirada de muchos especialistas a la historia económica, a menudo para recordarle a Alemania, también a Francia, que fueron beneficiarias de importantes quitas, algo que ahora se le niega a Grecia. Las prisas de un presente lleno de sobresaltos no siempre permiten analizar las cosas de la economía europea con perspectiva. Tampoco en España.

En el caso español, con independencia de cualquier desaceleración coyuntural, el salto de calidad dado por su economía durante el pasado siglo XX y los primeros años del siglo XXI fue tremendo, hasta el punto de que, justo antes de la crisis de 2008, España se había situado entre los países más ricos del mundo. Tras la Revolución Industrial, la economía de guerra y el Plan de Estabilización, el último gran hito fue la entrada en la UE, en 1986, que marcó el devenir de España y su economía.

España también tuvo su etapa imperial pero no por ello consiguió el bienestar que, a pesar de la crisis, hoy se conoce. Hubo etapas de mayor acumulación de riqueza pero, a pesar de la creciente desigualdad de hoy, nunca un reparto de la misma como el que todavía se disfruta. Pueden buscarse muchas explicaciones y seguramente no habrá una sola que lo justifique. Pero si en algo es posible coincidir es en que los mejores años de la historia de España se han vivido estando en Europa. No solo se trata de que hayan llegado miles de millones en forma de fondos estructurales y de cohesión, sino de que el país se modernizó al tener que competir.

En una España aislada como la del dictador Francisco Franco, la generación de la Transición buscó en Europa los símbolos de la libertad y la democracia, y se terminó encontrando no solo eso, sino también el bienestar. El liderazgo de Felipe González (PSOE) fue, en ese sentido, decisivo en los 80 y comienzos de los 90, hasta el punto de que a medida que pasa el tiempo puede valorarse mejor la dimensión de su obra política, por mucho que al final se viese empañada por una más que lamentable corrupción y prácticas ilegales en la lucha antiterrorista.

La modernización de España se hizo en los años 80. El PSOE recuperó el poder en España en octubre de 1982, lo cual fue todo un acontecimiento dentro y fuera del país, ya que no sucedía nada similar desde antes de la Guerra Civil del 36, en un mundo muy distinto. Desmoronada la UCD, los españoles de izquierdas se olvidaron pronto del meritorio trabajo del Partido Comunista durante el franquismo para echarse en manos de un partido más moderado como el PSOE, sin apenas activistas pero con unas siglas de mucho peso y un liderazgo casi imbatible. Por odiosas que sean las comparaciones resulta inevitable preguntarse qué sucederá con Podemos cuando llegue la hora de la verdad, que es la de votar.

Por la historia también sabemos que el largo período de gobierno socialista, siempre con González al frente, se saldó con tres grandes éxitos -la supremacía del poder civil frente a unos militares que venían de dar un golpe de Estado en 1981, el ingreso en Europa en 1986 y una política económica socialdemócrata basada en un moderno sistema fiscal- y dos sonoros fracasos: la corrupción y los llamados Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL). Fueron las luces y sombras del cambio que fue afianzando la democracia y las comunidades autónomas, sin resolver el encaje de Cataluña, que todavía colea.

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar