LLega la hora de la verdad para Grecia

Si Grecia, hace un par de semanas, se enfrentaba a un nivel insostenible de su deuda pública en 2030, cumpliendo incluso todas las recomendaciones de la llamada troika (BCE, FMI y Comisión Europea) -a día de hoy casi asumidas por Alexis Tsipras-, es evidente que este domingo el problema de Grecia seguirá estando sobre la mesa, por mucho apaño que haya en el Consejo Europeo.

Sin quita, no parece posible que Grecia pueda salir adelante, no sólo como sostiene su gobierno, sino como reconocen los informes de los propios acreedores citados por el diario británico The Guardian. Y como una reestructuración de la deuda griega supone quebrantos para los acreedores –entre ellos España-, nadie quiere dar ese paso.

Según documentos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, Grecia necesita un alivio sustancial de la deuda para una recuperación económica sostenible y duradera. Incluso después de 15 años de un supuesto fuerte crecimiento, Grecia se enfrentaría a un nivel de deuda que el FMI considera insostenible.

En apenas unos años, la pérdida de más de una cuarta parte del Producto Interior Bruto de Grecia desencadenó la explosión de la deuda pública del país hasta cerca del 180% del PIB. Un modelo económico no se improvisa y los países que han protagonizado transformaciones espectaculares de su economía, como Corea del Sur, Costa Rica o Finlandia, por poner ejemplos de países de tres continentes, han precisado entre 15 y 20 años para acometer sus milagros económicos, ligados a procesos industrializadores y de cambio tecnológico que nada tienen que ver con el turismo de Grecia, su principal fuente de riqueza, con mucho menos valor añadido.

Grecia es y será un problema durante mucho tiempo, especialmente para sus habitantes, a quienes los sucesivos rescates terminan por ahogarles un poco más. Al menos en su caso deberían cuidar más la semántica y no llamarle rescate a lo que es más bien una mano al cuello.

El acuerdo que negocian este fin de semana en Bruselas, cifrado en unos 50.000 millones de euros, no pasará de ser un parche, que en el mejor de los casos evitará el corralito financiero, rescatando la banca, así como el default de Grecia ante el FMI y el BCE. Dar por hecho a estas alturas que el problema griego está zanjado parece una interpretación de alto riesgo. Incluso para la Unión Europea y, en especial, para la eurozona.

¿Entonces no hay soluciones? En esta sección de Cuenta de resultados ya se han sugerido unas cuantas, a sabiendas de que sólo los poderosos pueden ser generosos. Como lo fueron en su día con la Alemania derrotada en la II Guerra Mundial, beneficiaria de una quita histórica. Grecia, por sí sola, no podrá resolver un problema financiero irresoluble, como reconocen los propios acreedores y, en especial, el Fondo Monetario Internacional. Cabe, pues, pensar en distintas fórmulas, que pueden darse solas o combinadas, que será lo más probable. El mix comprende opciones de quita, rescate, salida del euro –de golpe o por fases-, cambio del modelo económico, reajuste del sector público, privatizaciones, etcétera. En definitiva, un cambio radical de lo que es la economía griega y lo que tendría que ser para poder pertenecer a un club selecto como el del euro.

Este domingo no tendrá lugar, pues, un Consejo Europeo más, sino uno que debería trasladar un mensaje de esperanza. Otra cosa es que eso vaya a suceder.

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