Podemos, decisivo en Cataluña

El PSC fue, durante mucho tiempo, el partido capaz de agradar al catalanismo sin romper la unidad de España, en torno a su plurinacionalidad, concepto que incluso terminó asumiendo el ex presidente Felipe González, sin duda el gran referente del PSOE; especialmente en los momentos decisivos. Pero aquel PSC con dos almas, una catalanista -al estilo de Pasqual Maragall- y otra más españolista -de la mano de Corbacho o Borrell- se vio atrapado en el órdago independentista de Artur Mas, que polarizó de tal modo la política catalana y española que se difuminaron los matices para adentrarse unos y otros en los discursos de brocha gorda. En esa liga tenían todas las de ganar ERC y el PP, en los extremos, con Convergència y Ciudadanos en la centralidad, sin apenas espacio para el PSC, que ahora está donde está.

Pero si en algún momento afloran vías para atender las demandas catalanistas sin pasar por la ruptura unilateral con España, el PSC podrá resurgir, al frente de las fuerzas políticas, con la excepción por ahora del PP, que abogan por una reforma constitucional que revise también la situación de Cataluña.

Ahora bien, la clave de la política catalana y española todavía no está en ese punto. Para llegar a ese escenario de consenso o de punto de encuentro tendrían que quedar atrás las próximas elecciones catalanas, siempre que el resultado permita ese tipo de planteamiento integrador. Sabido es que Convergència y ERC se proponen declarar la independencia de Cataluña si gozan de mayoría parlamentaria suficiente. Por tanto, para que no haya riesgo de que eso suceda no bastará con la suma de los votos de PP, Ciudadanos y PSC, sino que será decisiva la postura de los futuros diputados de Podemos o de su marca local catalana, hoy de la mano de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Dicho de otro modo: si la marca catalana de Podemos se arrima a los independentistas, la situación se puede complicar mucho para España y sus intereses políticos y económicos. Por eso no es oportuno ni inteligente la idea de crear un frente españolista ni la de demonizar a Podemos y sus afines.

Es verdad que el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión mejora las posiciones de los no independentistas -el 50% de catalanes ha contestado ‘no’ a la pregunta ‘¿quiere que Cataluña se convierta en un Estado independiente?’- pero el problema no se resuelve con una encuesta, según la cual el 42,9% diría ‘sí’, el 5,8% no lo sabe y el 1,3% no contesta. En definitiva, la llamada vieja política, por sí sola, no va a tener votos suficientes para determinar el futuro de Cataluña y, por extensión, de España. Podemos podría ser decisivo para salvar la actual idea España, aunque hoy muchos no se lo crean y vean en Pablo Iglesias al mismo diablo. El Rey Felipe VI y el Rey Juan Carlos hacen bien en verse con todos los presidentes del Gobierno de la democracia para hablar de lo que hay que hablar, pero aún lo harían mejor si hablasen también con todos los que determinarán el futuro de Cataluña y de España. Con todos, sin hacer excepciones.

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