Género financiero

¿La inversión financiera tiene género? Al parecer sí. Constatado está que hombres y mujeres difieren en muchas cosas y entre ellas también estaría la forma en cómo abordamos las finanzas, las inversiones, incluso los planes de pensiones y las jubilaciones. Esto es, en todo caso, lo que dicen los informes más especializados, como el de la European Financial Planning que anualmente elabora el estudio sobre Preparación de la Jubilación.

Según los expertos, hombres y mujeres nos movemos por distintas motivaciones porque nuestras respectivas posiciones en el mercado laboral son diferentes y porque nos enfrentamos de manera muy dispar al riesgo. El informe indica que las mujeres somos más conservadoras que los hombres y que estamos dispuestas asumir menos riesgos que ellos, incluso cuando se presenta la posibilidad de obtener elevados rendimientos. De igual manera, para muchas -en torno al 30%- las decisiones en materia financiera están determinadas por la prioridad que supone la educación de los hijos. Hasta aquí nada que nos sorprenda demasiado.

Sin embargo cuando el estudio analiza las condiciones para acceder a la jubilación en España la realidad es más preocupante. El estudio indica que las necesidades de conciliación de la vida familiar y profesional hacen que a menudo ellas se alejen del mercado laboral. Por otra parte el índice de mujeres que trabajan a tiempo parcial está muy por encima del de los hombres. Estos dos aspectos hacen que el nivel de preparación para la jubilación esté en la gran mayoría de las mujeres en lo más bajo de la tabla. Un 63% de las mujeres no confían en poder mantener un buen nivel de vida durante la jubilación, la mitad confía en los ingresos de su pareja para sentirse respaldada económicamente y casi el 20% piensa que deberá recibir algún tipo de apoyo económico de su familia cuando deje de trabajar. Este panorama dibuja a una mujer con una limitada independencia económica.

Al menos dos reflexiones se imponen ante estos resultados: la primera es que probablemente las entidades financieras podrían desarrollar productos que se adapten de manera específica a la situación de las mujeres; hacerlo supondría una flexibilidad positiva tanto para las entidades como para ellas.

Y la segunda reflexión es que, una vez más, constatamos que la libertad y la igualdad siempre están determinadas y condicionadas por la independencia económica. Cuanto más autónoma es la mujer desde el punto de vista económico, más libre será como ser humano. Y su contrapartida lógica: cuanto más dependiente económicamente, menos libre para decidir y para elegir. Por ello luchar por una participación mayoritaria de las mujeres en el mercado laboral es lo mismo que luchar por la igualdad de género. Parece obvio pero, a veces, resulta necesario recordarlo.

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