España y el Estado Islámico

La brutal ofensiva del terrorismo yihadista en tres continentes se ha saldado con otros tantos atentados en Francia, Túnez y Kuwait, que dejan más de 60 muertos en ataques contra los valores de Occidente, el turismo internacional y los chiíes. Son acciones que se suman a sus ya conocidos degollamientos, asesinatos masivos contra la etnia Al-Sheitaat, venta de mujeres yazidíes, captura de jóvenes occidentales y toma de territorios y recursos naturales, especialmente en Siria e Iraq. El llamado califato del Estado Islámico demuestra así que dispone de recursos para atacar y matar en cadena, dentro de una estrategia global.

En realidad, el Estado Islámico no sólo mata en su zona de influencia y, a menor escala, en Occidente, sino que destruye la civilización, más bien las civilizaciones, empezando por el patrimonio cultural e histórico. Les da igual que hablemos de sumerios o asirios. A su manera, reeditan los bombardeos talibanes sobre los colosales Budas de Bamiyán en Afganistán o ciertas acciones no menos brutales de los Jemeres Rojos en Camboya. También es verdad que no son los primeros en destruir Mesopotamia, objeto de saqueo a lo largo de la historia, a menudo por parte de occidentales.

Más allá de proteger su territorio -el Gobierno ya elevó la alerta al nivel máximo desde el 11-M-, no es mucho lo que puede hacer España para eliminar este estado de cosas, pero dentro de lo poco que puede hacer se supone que debería hacerlo lo mejor posible. Hay al menos dos líneas de trabajo que admiten mejoras: la ampliación del pacto antiterrorista a otras fuerzas políticas -no sólo PP y PSOE, como sucede ahora- y la extensión de la justicia universal, aplicable en algunos casos como los ya mencionados. En ese sentido, la reciente decisión de España de limitar sus competencias para perseguir crímenes internacionales no ha sido precisamente un acierto, visto lo visto. Como sostiene Baltasar Garzón, la jurisdicción universal es una herramienta necesaria para luchar contra la impunidad, en este caso para combatir a aquellos que desean borrar la historia, de manera indiscriminada, para imponer una tabla rasa a su medida: la del integrismo, la tiranía, la intolerancia y la violencia.

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