Cementerio de elefantes

Antes de que la crisis hiciera su aparición, en algunas empresas públicas y privadas existía un departamento singular conocido como “cementerio de elefantes”, a donde iban a parar los trabajadores profesionalmente obsoletos, incapaces de asimilar los cambios que requería el desarrollo de las organizaciones.

Me acordé de este “panteón” tolerado por las empresas en época de vacas gordas cuando los dos partidos mayoritarios en Galicia acordaron cubrir las vacantes del Consello de Contas y nombrar senador de designación autonómica al secretario de los socialistas gallegos, justo unos días antes de que dejara el cargo de presidente de la Diputación de Lugo.

Con el mayor respeto para todas las personas propuestas para ocupar las vacantes, el Consello de Contas y el Senado son dos instituciones prescindibles que, por lo que se conoce de sus actividades, semejan ser un lujoso cementerio de elefantes políticos a los que sus partidos quieren premiar por los servicios prestados.

En la caso del Consello de Contas dándoles un cargo con status, un retiro dorado en una institución que fiscaliza las cuentas y la gestión económico-financiera del sector público gallego con años de retraso sin que nadie se rasgue las vestiduras, ni sepa para qué sirve conocer ahora “el abuso de imprevistos en los presupuestos de la Xunta” en el ejercicio 2012, por citar un informe de la semana pasada.

Por lo que respecta al Senado, “tal como está concebido no sirve para nada”, dijo el exsenador Pérez Bouza. Otro exsenador del PNV señaló que “si los ciudadanos supiesen cómo se sestea y se pierde el tiempo en esta institución, montarían en cólera”. A pesar de eso, Galicia y las demás autonomías nombran senadores para “representar a la comunidad”, un eufemismo que significa premiar con un escaño en la Cámara Alta para que el agraciado tenga un cargo institucional y cobre un salario a fin de mes.

Los populares y los socialistas retomarán las negociaciones, ahora rotas, para cubrir esas vacantes y seguirán dando una imagen poco edificante. En los años que llevamos de crisis, que son muchos, nunca se sentaron a una mesa para poner en común ideas y consensuar proyectos para amortiguar sus secuelas y mejorar la vida de la gente que, con estos cambalaches, percibe que solo pactan cuando hay prebendas para repartir. Que no se quejen de la desafección ciudadana, ni de que les pasen factura en las urnas por tanta frivolidad política.

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