Aprender la lección

“As urnas hai que escoitalas, temos que reaccionar ante a mensaxe que nos enviou a cidadanía”, decía el presidente Feijoo cuatro días después de las e­lecciones en las que su partido encajó unos malos resultados por la pérdida de votos y, sobre todo, por la pérdida de poder.

Y tomó nota del mensaje de los ciudadanos. Como primera medida, enterró el discurso triunfalista del fin de la crisis y acto seguido imprimió un claro giro social a las políticas de su gobierno con una batería de medidas, como exención del copago de los fármacos que favorecerá a unas cien mil personas, ayudas para material escolar, menos impuestos por la bajada del valor de los inmuebles, nueva congelación de las tasas universitarias… Se trata de ayudar a quienes están padeciendo con más rigor las secuelas de la crisis.

Pero la medida más llamativa es la lucha contra los desahucios por impago de la hipoteca o del alquiler, no a la brava sino buscando el acuerdo con las entidades financieras, para que las familias con orden de desalojo puedan permanecer un tiempo en la vivienda pagando un alquiler social. Esas mismas entidades financieras pondrán a disposición de la Xunta una parte de su parque de viviendas para realojar a las familias desahuciadas a cambio de un módico alquiler. En ambos casos -hipoteca o alquiler- el objetivo es evitar que personas y familias queden desamparadas.

Con estas y otras acciones, que no se pueden tachar de electoralistas porque Galicia no juega este año ese partido, el gobierno gallego aprendió la lección del 24-M: que la cara real de la crisis es la gente, familias y personas venidas a menos o en riesgo de exclusión, todos los que perdieron el empleo que no saben si volverán a trabajar, madres sin trabajo que no tienen que dar a los hijos…

A estas alturas de la crisis lo importante no es solo el control del déficit y la deuda, que también. Lo relevante son las personas, sobre todo aquellas que están al límite de la resistencia. Por eso, después de aplicar ajustes y recortes tan duros, ahora toca implementar políticas distintas para que la pequeña recuperación que empezamos a ver empiece a llegar también a los hogares gallegos.

Lo que ya no sé decir es si a este giro social de la Xunta hay que aplicarle aquello que decían de los cuadrilleros de la Santa Hermandad cuando llegaban tarde  “a buenas horas mangas verdes”, o el dicho popular “nunca es tarde si la dicha es buena”. Decidan ustedes.

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