Semana horríbilis

​Para la llamada “nueva política” su primera semana en las instituciones no ha podido ser más desastrosa. El episodio Zapata ha dejado al aire la bajeza moral de dirigentes de Podemos y de sus variopintas franquicias, quienes después de tanto predicar han sido incapaces de condenar con rotundidad –allá y aquí- la brutalidad de los mensajes en las redes sociales del llamado a ser concejal madrileño ¡de Cultura!. ¡Vaya personal que llevan algunos carros!

​Por su parte, Ciudadanos ha puesto en evidencia distintas vara de medir (la facilidad para investir a algunos y las vueltas de tuerca para lo mismo con otros), lo absurdo de algunas de sus exigencias en materia de regeneración democrática, y la debilidad de su estructura central para hacer cumplir los criterios establecidos en materia de pactos.

​Muchos oficiantes de los convenios firmados entre perdedores han exhibido además una novedosa estrategia: tirar la piedra y pretender esconder la mano. Esto es, facilitar investiduras y proclamar acto seguido que pasan a la oposición. Algo así como que no son responsables de lo que puedan hacer en adelante aquellos a quienes han prestado decisivo apoyo.

Quieren creer que por no participar en el gobierno autonómico o corporación municipal de turno después de haber amparado con su voto expreso o con su abstención la llegada al poder de un determinado personaje o de una plataforma radical concreta, ello los convierte en espectadores inocentes del panorama político que han propiciado. Escenifican así una decisión que pretenden neutra, aunque en verdad se trate de un paso con múltiples efectos e implicaciones.

​Es lo que han hecho Ciudadanos en Andalucía, el ínclito Carmona en Madrid y nuestra Mar Barcón en A Coruña. Luego de haber apoyado expresamente la llegada de la Marea Atlántica a María Pita, viene ahora la dirigente socialista lanzando no se qué bravatas al nuevo equipo municipal de gobierno asegurando que no tolerará no sé qué cosas. ¿Y quién le mandó dar su gratuito refrendo a Xulio Ferreiro?

​La semana horríbilis de la autoproclamada “nueva política” se ha distinguido también por un convulso proceso donde no han faltado la improvisación, las declaraciones desafortunadas, las rectificaciones y, sobre todo, el adelanto de grandes incumplimientos. El espectáculo municipal de Madrid pasará a la historia del caos.

​Ya ha dicho la alcaldesa Carmena que no pondrá en marcha uno de los compromisos estrella: la creación de un Banco público. Pero sin de nuevo tener que ir muy lejos, el alcalde de Santiago, Martiño Noriega, ha manifestado que, en fin, eso de “la ciudad sin desahucios” viene a ser algo así como una campaña para “sensibilizar a los Bancos”, habida cuenta de que, realmente, los Concellos no tienen competencias al efecto. ¿Y para eso tanta vara?

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