Sanidad y educación

La medida más llamativa que el Fondo Monetario Internacional recomienda al Gobierno de España en su último informe es “establecer sistemas de copago de la sanidad y educación”, para que las comunidades autónomas mejoren la capacidad de financiación de estos servicios.
Es una recomendación reiterativa del FMI y de otros organismos internacionales y nacionales y presiento que ese copago acabará implantándose, al menos para ciertas capas de la población, como se implantaron los copagos farmacéuticos durante la crisis.
Porque la sanidad y la educación públicas, universales y gratuitas –y otros servicios sociales– son insostenibles si nos atenemos al dato frío de la evolución de la economía. “Si non se administran ben os recursos e a economía non crece, é moi difícil manter o Estado de Benestar”, dice el profesor Luis Caramés, y con su diagnóstico coinciden otros investigadores y expertos que sostienen que sin más ingresos hay que decir adiós al bienestar y crear un nuevo modelo social.
Es verdad que la economía crece y genera empleos. Hay más cotizantes, pero con tanta precariedad salarial, exenciones fiscales a las empresas y una economía sumergida boyante, la capacidad recaudatoria del Estado no alcanzan para soportar el enorme gasto público comprometido: amortizar deuda y sus intereses, subsidios de desempleo, pensiones, dependencia y demás atenciones sociales y sostener las administraciones públicas. Sin contar la inversión pública necesaria para retroalimentar el crecimiento económico ahora en fase de consolidación.
Con esta estructura de gasto las cifras no cuadran y si los ingresos públicos no crecen lo razonable sería reducir gastos prescindibles en partidas que consumen ingentes cantidades de dinero sin que mejoren el bienestar de los ciudadanos. Por ejemplo, la estructura administrativa del Estado que necesita un adelgazamiento que ningún gobierno se atrevió acometer por su alto coste político.
Pero lo más fácil es aplicar recortes a los funcionarios y en las políticas sociales, singularmente a la educación y a la sanidad, los dos servicios más emblemáticos del Estado de Bienestar con los que se ensañaron las políticas de austeridad.
Por tanto, no nos dejemos engañar por las promesas de algunos políticos en vísperas electorales. Si no hay ingresos habrá más recortes y tendremos la sanidad y educación –y lo que queda del Estado de Bienestar– que podamos pagar. Así de claro y así de duro.

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