¡Ay, Carmena!

El titular es prestado. Pero resume bien la decepción que han causado los primeros pasos de Manuela Carmena por la alcaldía de Madrid, quien hoy por hoy parece un santo caído de la peana cuando casi ni ha arrancado la procesión. Desde luego, no sé por qué y ni cómo adquirió el relieve mediático que tiene.  Tal vez por sus polémicas excarcelaciones de etarras y grapos cuando ejercía como juez de Vigilancia Penitenciaria.  O quizás por el ese gratuito plus de credibilidad  de que suelen gozar  los profesionales  de  izquierda.

Siento también no conocer sus considerandos en sentencias de cuando se dedicaba a administrar justicia. Pero a la vista de sus discursos en los casos del tuitero Zapata y de la activista Rita Maestre que tanto  han  perturbado su estreno municipal, me temo lo peor.

Considerar las barbaridades del primero como una cuestión de humor negro y justificar el asalto a la capilla de la Complutense por parte de la segunda como una protesta en favor de la libertad de expresión, dicen muy poco de su sentido común y de su capacidad de  discernimiento objetivo. ¡Y era juez!

Oírle contar cómo accedió a encabezar la candidatura de Ahora Madrid produce un cierto vértigo. Porque, según confesión propia,  se puso al frente del invento sin saber mucho de qué iba aquello y sin tener mayor noticia del perfil personal, político y técnico de cuantos iban a ser sus compañeros de lista y, por tanto, eventuales miembros del equipo de gobierno en caso de tener que dirigir los destinos de la primera economía urbana del país y manejar un presupuesto superior a los 4.000 millones de euros,  como así ha sido.

Con tales imprevisiones,  a la alcaldesa madrileña no le ha quedado más remedio que decir que el programa electoral es un catálogo de “sugerencias”, del que intentará llevar a cabo lo que buenamente pueda.  No sería extraño, por lo demás, que una personalidad  tan dispersa y fuera de la realidad  como la señora Carmena termine por tirar la toalla, sobre todo si le sigue acompañando el ruido político y mediático de estos días. Ya veremos: porque está muy trincada por Podemos, que es quien en verdad manda en la Casa de la Villa. Quizás por vergüenza ajena otros gobiernos locales salidos de mareas y plataformas ciudadanas varias estén guardando un prudente silencio para no verse salpicados por el personaje. También puede ser que muchos de ellos estén ocupados en enterarse de qué va la  vida municipal en la que han de repente aterrizado. Porque da la impresión de que su preparación técnica al efecto es más bien escasa por no decir nula.

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