El Rey y la infanta Cristina

Desde cuándo en España no se motivan las decisiones administrativas o los decretos de la envergadura del que acabamos de conocer, por el que Felipe VI revoca –disimulado en retirada de tratamiento- la condición de Duquesa de Palma, que el padre de ambos otorgó a la Infanta Cristina.El aspecto formal de la motivación ha de ser la expresión sucinta de los hechos y de los fundamentos legales pertinentes que provocan tal cual decisión. Pero en este caso, ha sido “porque sí”.

Veamos el Real Decreto que sanciona el Rey y firma Rajoy, como responsable:
“Real Decreto 470/2015, de 11 de junio, por el que se revoca la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca. De conformidad con lo dispuesto en el artículo 6 del Real Decreto 1368/1987, de 6 de noviembre, sobre régimen de títulos, tratamientos y honores de la Familia Real y de los Regentes, he resuelto revocar la atribución a Su Alteza Real la Infanta Doña Cristina de la facultad de usar el título de Duquesa de Palma de Mallorca, que le fue conferida mediante Real Decreto 1502/1997, de 26 de septiembre.
Así lo dispongo por el presente Real Decreto.
Dado en Madrid, el 11 de junio de 2015”
Felipe, Rey El Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy Brey”.

Atención al asunto: Sigue siendo S.A.R. la Infanta Cristina, condición natural como hija del Rey, ¿o podría el Congreso, sin modificar la Constitución retirársela?

Llama la atención la benévola interpretación, sin profundizar en el tema de fondo, con que los medios impresos han tratado por lo general la decisión del monarca, que se anota en “la aplicación del nuevo código de conducta y transparencia que ha impulsado en la Casa Real, revocando el uso del título de duquesa de Palma de Mallorca en favor de la infanta doña Cristina, que le fue conferido mediante el Real Decreto 1502/1997 de 26 de septiembre”.

Lo que no pueden pretender que los españoles creamos que esto ha sido sólo una decisión de Felipe VI. Ha tenido que ser gestada, estudiada y valorada en toda su extensión y consecuencias. Mal deben ver el futuro judicial de la infanta para marcar distancias y no explicar por qué ahora, cuando ya se otea fecha para la vista oral, que la sentará en el banquillo, se le retira el ducado, pero sigue conservando sus derechos dinásticos como el primer día.

Si observamos la cadencia de los actos con que la Corona ha pretendido alejarse del asunto estamos ante un paso más, dentro de una estrategia muy calculada. Tras la inesperada abdicación del anterior monarca, se dijo que la Familia Real quedaría limitada a Felipe VI y doña Letizia, sus hijas Leonor y Sofía, y los padres del nuevo Rey, Don Juan Carlos y doña Sofía. Pero ya antes se habían ofrecido diversas versiones de qué era o no era la familia.

Ahora, las dos Infantas son solamente “parientes del Rey”, sí, pero sin dejar de estar en la línea de sucesión a la Corona.De lo que se trata es de conseguir como sea mejorar la deteriorada imagen de la institución, conscientes de que los mayores porcentajes de rechazo y donde crece la voluntad de someterla a un referéndum está en la franja de los menores de 40 años,  que superan ampliamente al conjunto de desafectos.

Cierto que los barómetros del CIS—de abril de 2014 a abril de 2015— muestran una subida de 0,62 puntos, aunque la nota que los españoles ponen a la institución que ahora representa Felipe VI sigue siendo un suspenso. Hasta los más destacado defensores de Felipe VI, reconocen, al conmemorarse su primer año de reinado, que en futuro de la monarquía pasa por someterse al refrendo o no de los españoles. Y eso hay que retrasarlo cuanto se pueda. O por lo menos evitarlo con medidas profilácticas y de imagen. Esta es una más.

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