Linde no hace con su sueldo lo que predica

En esta etapa de crisis, desde la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) e incluso el Banco de España, unos políticos tecnócratas que no gestionan competencias les imponen a otros colegas que sí lo hacen las medidas que deben aplicar. Con una particularidad: los primeros no son elegidos democráticamente, sino designados, mientras que los segundos responden de su gestión ante las urnas. Así funciona ahora la democracia gobernada de facto por los mercados financieros.

Con un lenguaje frío y distante, plagado de eufemismos, es habitual leer recetas en las que los primeros, encabezados por el FMI y el BCE, abanderan rebajas salariales y subidas de impuestos como única solución para equilibrar las cuentas públicas y recuperar el crecimiento.

Ni quienes dan las órdenes ni quienes las reciben -y a menudo las acatan- profundizan en otra línea: revitalizar la economía productiva para generar riqueza, empleo e ingresos públicos.

Da la impresión de que algunos países han renunciado a desarrollar su economía, siendo competitivos, aportando valor añadido a sus productos. Dicho en otras palabras: quienes fabrican los Mercedes y los BMWs, como son capaces de venderlos en todo el mundo a precios altos, no precisan bajar los sueldos de sus empleados, pero quienes sólo hacen baratijas no pueden hacer lo mismo, porque ni siquiera resisten la competencia de países como China, que tira los precios en todos los mercados, ya sabemos con que condiciones laborales. Pero de todo esto y de cómo solucionarlo apenas hablan: ni los tecnócratas designados ni los gobernantes electos.

Esta misma semana hemos vuelto a ver la película de siempre: el FMI y el Banco de España han coincidido en la necesidad de abaratar el despido, subir el IVA y extender el copago en sanidad y educación, como si estos dos pilares del Estado del bienestar no se financiasen ya con impuestos de los ciudadanos. Es más, propugnan una nueva reforma laboral, subidas de impuestos que permitan ingresar más por IVA, impuestos especiales y medioambientales y recortes del gasto público para reducir el déficit. A unos y a otros sólo les separan a veces los eufemismos que utilizan.

Su cinismo llega al extremo de que quien pide profundizar en la devaluación salarial en España se sube su propio sueldo, pagado con dinero de los contribuyentes. Así, tanto el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, como el subgobernador y presidente del FROB, Fernando Restoy, aumentaron su sueldo durante 2014 y se quedaron tan tranquilos.

Así, al tiempo que criticaron implícitamente que los sindicatos y patronales firmasen alzas salariales de hasta el 1% en 2015 y del 1,5% en 2016, Luis María Linde se subió sus ingresos un 5,8% respecto a 2013 –ganó 176.060 euros brutos- y Fernando Restoy se aplicó un 3,9%, hasta alcanzar en 2014 los 203.410 euros brutos.

Y como si la cosa no fuese con él, Luis María Linde reclama en un artículo de su autoría “un mayor grado de flexibilidad en la formación de los salarios” y exige “evitar” lo que denomina “el retorno a prácticas de indexación salarial ya superadas”.

¿Pasará algo ante este estado de cosas? Probablemente no. Y si algo pasa será que otros como Linde harán lo mismo, a ser posible sin que nadie se entere. Es tal el descontrol que el llamado Portal de Transparencia difunde datos que no son reales.

@J_L_Gomez

Es necesarios estar conectado para escribir un comentario Conectar