La otra corrupción

El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha sido uno de los principales organismos que ha respaldado el austericidio, esa política económica generadora de la mayor desigualdad social nunca esperada para el mundo desarrollado del siglo XXI. El FMI es un poderoso organismo que ha estado y está regido por personajes de deleznable proceder ético y económico. Y es, sobre todo, un órgano internacional no democrático con capacidad para, desde la especulación, salvar o arruinar países, sean del color que sean. Por lo tanto, estamos bajo un instrumento de poder del lado oscuro, tolerado bajo la luz por la ignorancia general.

A mi modo de ver, el FMI es una poderosa cara de la verdadera corrupción institucional a la que nos ha conducido el sistema capitalista. No sabemos en aras de qué éticas le permitimos sugerencias y presiones hacia los gobiernos democráticos, respetamos sus cálculos erróneos como mandamientos divinos, no le pedimos cuentas por sus equivocaciones y le aplaudimos sus silencios y arbitrarias condenas. Además nunca hemos escuchado a ningún partido u organización, ni vieja ni emergente, proponer o anunciar medidas contra semejante nido de manipulación y corrupción.

En sus últimas recomendaciones para España, con la excusa de salvarnos de la crisis del sistema por ellos alimentado, el FMI ha pedido más medidas de desigualdad. El gobierno de Rajoy, quien utiliza la mayoría social recibida en beneficio de las minorías poderosas, ha anunciado que en esta ocasión hará caso omiso al FMI. Resulta fácil calcular que semejante propósito tiene como fecha de caducidad el día siguiente a las elecciones generales de final de este año. Aceptamos el juego con incredulidad pero con resignado silencio.

Del mismo modo que aceptamos las negociaciones secretas del tratado de libre comercio entre Europa y EE.UU. (TTIP), un nuevo paso en el tortuoso camino de la globalización mundial, que seguirá desde la legalidad democrática otorgando poder e impunidad a grandes organizaciones empresariales no democráticas. Otro avance en la configuración de un “mundo feliz” a lo Aldous Huxley contra el que revelarnos será cada vez más difícil e inconcretable.

Estos son dos ejemplos de actualidad referentes de la otra gran corrupción que nos subyuga y que dejaremos en herencia a nuestros hijos. Quienes nos precedieron fueron, por ejemplo, capaces de asaltar los castillos medievales, los Palacios de Invierno o La Bastilla para luchar contra las desigualdades. En el lado oscuro aprendieron la lección y nuestros sucesores nunca sabrán localizar en qué lugares están los bastiones de sus nuevos poderes. Les estamos permitiendo ser corruptos, invisibles e indestructibles.

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