Recaudar y repartir

Suenan bien los programas de gobierno que las mareas y formaciones similares quieren desarrollar en las tres ciudades de la provincia de A Coruña y en aquellos otros concellos en los que pueden determinar la formación de gobiernos.

Suena muy bien que el “compromiso ético” impregne todas las decisiones de la política municipal y entender el gobierno como un servicio a todas las personas, articulando planes y ayudas para evitar la exclusión social de los desprotegidos, como la renta social municipal, erradicar la pobreza energética, combatir la desigualdad y más ayudas a la dependencia y a la inmigración.

Seguro que en los primeros días tomarán otras medidas -bajada de salarios, menos coches oficiales y asesores, impedir desahucios…-, muy efectistas y con gran repercusión mediática pensando en las elecciones generales. Visto en conjunto, el programa parece adecuado para hacer frente a las secuelas que deja la crisis que los viejos partidos, desconectadas de la realidad y faltos de sensibilidad, no supieron implantar.

Dicho esto, de las declaraciones de los nuevos inquilinos de los consistorios parece deducirse que para ellos “gobernar es repartir”. Y es verdad, pero no solo. En el gobierno municipal hay que ejecutar otras políticas, como urbanismo, transporte, vías y obras, empleo, hacienda y otros servicios cuya gestión consume buena parte del presupuesto.

¿De dónde van a salir los recursos para repartir y gestionar? Transferencias gubernamentales aparte, siempre escasas, esa incógnita se resuelve con las tres formas de obtener ingresos. Una es por la vía del endeudamiento si tienes quien te preste en condiciones razonables y no parece este un buen momento para acudir al crédito. La segunda es aumentar los impuestos, pero hacerlo ahora sería esquilmar más a la gente y el suicidio político de los recién llegados. Queda una tercera vía, la más razonable, que es estimular el crecimiento de la economía -dentro de las posibilidades que tienen los concellos- para recaudar, repartir y gestionar. Pero en los programas de las “mareas” hay más ideas generalistas y ambiguas que medidas concretas y eficientes para impulsar la actividad económica municipal. Esa poca atención a la economía impedirá cumplir con muchas promesas del capítulo de “gasto social” y seguro que también limitará la capacidad de prestar otros servicios que deben atender los concellos. No deberían descuidar esa fuente de financiación.

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